Este novedoso tema pedagógico, recientemente puesto entre los enfoques del proceso de enseñanza aprendizaje, fue enunciado por Christopher Emdin, profesor del departamento de Matemáticas, Ciencia y Tecnología de la Universidad de Columbia, USA. En esencia, nace de la pregunta que permite responder cómo debe ser la forma correcta para acercarse académicamente al estudiante.
Según lo planteado por el Emdin (2011), el enfoque del aprendizaje debe estar fundamentado en las experiencias del alumno y no en las que sean de exclusivo interés del docente. Allí, el docente pasa de ser dueño del conocimiento a orientador del mismo.
Como enfoque privilegia cinco herramientas que facilitan el intercambio de conocimientos y habilidades entre el estudiante y el docente. Las cuales pueden resumirse como: Diálogo de cogeneración, entendido como un conversatorio real y horizontal. Coenseñanza, la responsabilidad de transmisión del conocimiento no es labor única del profesor. Cosmopolitanismo, allí se arraiga el valor de la libertad de expresar conocimientos y hay reparto igualitario de responsabilidades. Contexto, reproducción de vivencias propias dentro y fuera del aula. Contenido, no atiende solo a los preceptos propios de cada materia, ahonda en los conocimientos que pueden ser útiles para el estudiante y que se relaciona con su realidad más inmediata.
Difiere del modelo educativo tradicional, porque vincula las experiencias reales a la construcción del conocimiento. La pedagogía de la realidad posee raíces comunes con el aprendizaje adaptativo y se diferencian porque el primero privilegia un contacto más directo en las relaciones entre docente y estudiante. Igualmente, procura y resalta como estrategia el pensamiento crítico, para que el estudiante, desde su experiencia exprese sus puntos de vista, sus opiniones o ideas y vaya en todos los casos de acuerdo con sus intereses.
Aun cuando poseen diferencias, el aprendizaje adaptativo es la base de la pedagogía de la realidad. Entre ellos media el pensamiento crítico, que como piedra angular lo soporta, ya que provee las habilidades que permiten el incremento del conocimiento para la acertada toma de decisiones. El pensamiento crítico aumenta el valor de las estrategias y representaciones mentales que ayudan a resolver problemas y a aprender nuevos conceptos.
Un pensador crítico, se define, como: habitualmente inquisitivo, siempre bien informado, confiable, de mentalidad abierta y justa, honesto, sin prejuicios, dispuesto a reconsiderar cuestiones varias; es diligente en la búsqueda de información relevante; razonable en la selección de criterios; es enfocado y persistente en la investigación (Faciones,1990b). Con estas características, sin duda, un docente, se acercaría favorablemente a la pedagogía de la realidad.
La enseñanza de habilidades blandas, entre ellas: gestión de conflictos, gestión del tiempo, manejo del estrés, capacidad comunicativa, inteligencia emocional, productividad personal, trabajo en equipo, empatía, adaptación, tolerancia, creatividad y flexibilidad, entre otras, son fundamentales y pueden lograrse con este enfoque pedagógico.
En esencia la pedagogía de la realidad puede llevarse a cabo sí se tiene un conocimiento adecuado del entorno y su conexión global, si se permite la participación autónoma del estudiante sin restricciones ni prejuicios, dándole oportunidad de que sus experiencias, antecedentes e intereses se vean reflejados en lo que se trata, y se necesita que el docente se torne en guía de la construcción de saberes.
Finalmente, no se debe olvidar que una competencia permite tener pericia, habilidad e idoneidad para hacer algo determinado o para acometer un trabajo. Es responsabilidad institucional y del docente fomentarlas y ayudar a que se fortalezcan, porque ellas serán las que potencialicen el proyecto de vida del alumno y su correcta adaptación al sistema productivo. Mejor aún si estas se consolidan, como lo señala la pedagogía de la realidad, con la activa participación del estudiante, sus experiencias y necesidades.



