No en pocas ocasiones hemos escuchado o leído las frases murió de amor, sin ti… no podré vivir jamás… sin su amor no se vivir, no concibo la vida sin ella, el etc. pronunciadas por costumbre más que por un sentir verdadero, sin saber que tienen su parte de realidad.
Los episodios de muerte repentina, de frustraciones amorosas, de logros no realizados etc, nos dejan en ocasiones, el corazón roto. El dolor intenso nos provoca una profunda tristeza en cualquier estado de congoja. Hemos perdido la ilusión, no podemos rezagar los terribles desengaños de la vida.
Un estudio científico reciente reveló, que los eventos vitales estresantes pueden provocar complicaciones al corazón, dejándolo en estado casi de muerte al aumentar el nivel de dos moléculas en sus células que desarrollan el síndrome de Tako-Tsubo (STK), conocido también, como el síndrome del corazón roto.
Pocas son las muertes que se han producido por este síndrome aun en investigación, pero se están buscando nuevas opciones de tratamiento para unos síntomas parecidos a los del infarto, que se originan de forma misteriosa y que tiene una patología grave en ciertas personas y en otras no.
Científicos como Sian Harding (autor principal de la investigación), no han podido averiguar a ciencia cierta, a qué se deben estas diferentes maneras de reaccionar.
No existen fármacos que traten el “síndrome del corazón roto”, confirmó el profesor Metin Avkiran, director de la British Heart Foundation. “El síndrome de Tako-Tsubo es un problema cardiaco repentino y catastrófico, pero nuestro conocimiento sobre sus causas sigue siendo limitado”. Apuntó que el reciente estudio es vital para entender mejor la misteriosa enfermedad, desarrollar nuevos métodos para identificarla y elaborar fármacos que eviten el riesgo de muerte.
Aunque es un trastorno temporal que puede llegar a normalizarse por sí mismo y con un pronóstico muy favorable, en ocasiones pueden producirse complicaciones. Es necesario y urgente, acudir al médico, ya que los síntomas no se pueden distinguir a simple vista de otras crisis coronarias mucho más peligrosas.
Esta enfermedad por lo general no deja secuelas. La recuperación completa duraría entre uno o dos meses y sería de un 95%. Mantener al sujeto hidratado y reducir o eliminar en la medida de lo posible los elementos que hayan podido provocar dicho síndrome, sería la solución más acertada.
Es preciso y conveniente, construir dentro de nuestro yo interno, barreras contra la desesperación. No debemos dejarnos arrastrar por el desconsuelo y afrontar estos difíciles momentos dando pasos hacia la vida, no hacia la muerte aunque la herida permanezca.
Esa herida algún día se curará y aceptaremos que las dificultades forman parte de ella, que tenemos que aprender a enfrentarlas y desterrar de nuestro mundo particular, todo lo que pueda darle muerte a la vida. Así, empezaremos de nuevo a colmarla de esperanzadoras maneras diferentes, pero hay que quererlo, existen crepúsculos más hermosos que algunas auroras, no debemos olvidar, que tendríamos que prepararnos para capotear cualquier borrasca.
Sería conveniente aceptar, que la sombra y la claridad forman parte de la vida, pero también la esperanza. Esta nos ayudará a reconquistarla para empezar a batallar con nuevos obstáculos. Eso es lo que nos arranca de la pasividad de una vida que sin batallas solo esperará la tibieza de la muerte.

