Estamos a las portas de la semana mayor, toda una historia que inició en el siglo II después de Cristo, donde confluyen el amor, la esperanza y el dolor, al conmemorarse el “Triduo Sagrado”, con la pasión, la sepultura y por supuesto la ya mítica historia, aceptado por unos y desaprobada por otros, de la resurrección. Esta conmovedora historia litúrgica de cuando Cristo hace su ingreso triunfal a Jerusalén, nos traslada a las fiestas paganas de nuestros pueblos.
Muchas son las fiestas paganas en Locolombia, tierra de libertad religiosa por ser un estado laico de acuerdo al artículo 13 de la constitución del 91, “toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley” y todo por la sencilla razón que aproximadamente el 92%, de nuestros parroquianos profesan alguna religión, sólo un 4% se consideran ateos y otro 4% con otras creencias, siendo la Católica, la más trajinada con un 74%, y en su defecto, las protestantes-cristianas, tales como los evangélicos, pentecostales, protestantes y adventistas, que están en el orden del 26 %. Cifras que pueden varias dependiendo de quién elabore el ranking.
Meternos en el cuento de las creencias religiosas puede pellizcar a muchos por el exceso de fanatismo y lo irreconciliable en sus posturas y más cuando están en la búsqueda de intereses económicos y políticos, inyectadas dogmas como calmantes y unos cuantos narcóticos y alcohol que les alivian momentáneamente el dolor, producto de los padecimientos y angustias a la falta de empleo para tener las tres comidas al día, intentando cambiarles la historia a sus ceremonias paganas, convirtiéndolas en fiestas y rituales seudo religiosos que hacen parte de nuestra tragicomedia folclórica popular.
Afortunadamente lo normal es otra rica historia y Colombia se ufana de tener muchas muestras de nuestras expresiones religiosas. Nombrarlas nos traslada a cada uno de esos lugares que son consideradas Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, entre las que tenemos, sin restarle importancia a otras, las impresionantes procesiones en Popayán que datan del siglo XVI, la turística “Ciudad de Dios” como le llamamos a Mompox con sus famosas procesiones de “dos pasos adelante y uno atrás”, donde sucede lo mismo en las paradisiacas playas del Golfo de Morrosquillo, exactamente en la Villa de Santiago de Tolú (Sucre), cuando El Nazareno Mayor dirija de por vida, las procesiones de los días Santos, no solamente al estilo de Mompox, sino que la multitud se apodera del Santo y lo va llevando de un lado a otro y durante el recorrido que dura toda la noche, gritan, lloran, se abrazan y la euforia es colectiva. Todos los anteriores con sus mágicos recorridos que perdurarán en la eternidad.
Los respetos hacia las creencias deben ser permanentes ya que la fe en Dios o en una divinidad es intrínsica del ser humano, ello debe ser acogido sin miramiento alguno, así como debe aceptarse a los ateos o no creyentes ya que allí radica la importancia de lo conceptual y el respeto a los polos opuestos. Para muchos, la religión les hace sentir que son parte de este mundo convulsionado por la polarización política, que intenta regresar al colonialismo y la esclavitud con fuerza en el poder político y religioso que vemos a diario con sumo estupor.
Lo que el país no puede aceptar es el aprovechamiento del poder político y religioso para hacer creer que se está en “la construcción de una sociedad nueva”, cuando por esa incesante ganas de poder y enriquecimiento, se han creado muchas religiones o sectas que han servido para ejercer el dominio mental de ilusos creyentes y ser explotados política y económicamente, con un estado cómplice e indolente, donde al amparo constitucional les ha permitido a algunas religiones, entiéndase que no todas, y a sus representantes estar interviniendo en decisiones políticas que culminan en la coadministración nefasta del Estado.
La memoria histórica-cultural-religiosa debe permanecer intacta en nuestra sociedad, con sus creencias, ritos, festividades y costumbres, apartando, como lo expresamos anteriormente, aquellas sectas religiosas que se encuentran solapadamente en el mundo económico y político de una manera casi que imperceptible, cuando lo que quieren es imponer creencias satánicas haciendo alusión que su religión es la verdadera y salvadora de la humanidad, irrespetando la constitución, las leyes y normatividad del país.

