| Desmitificando los juegos sexuales infantiles y fomentando un acompañamiento seguro |
A lo largo de la historia, la sexualidad ha sido un tema envuelto en tabúes. Se nos ha enseñado que «del sexo no se habla», y mucho menos con los niños. Esta creencia ha reforzado la idea errónea de que la sexualidad es exclusiva de los adultos, llevando a que cualquier comportamiento sexual infantil sea censurado, invisibilizado, escandalizado o, en el peor de los casos, motivo de castigo o maltrato.
Es fundamental comprender que la sexualidad se vive de forma diferente en cada etapa del desarrollo. En la infancia, los primeros indicios pueden manifestarse en conductas como tocarse o frotarse los genitales, ya sea en privado o en público, intentar observar a otras personas mientras se cambian de ropa, o tocar el cuerpo de figuras cercanas, como los senos de la madre. A medida que los niños crecen, esa curiosidad se transforma en juegos más estructurados, como «jugar al doctor», observar los genitales de otros niños, besarse, tomarse de la mano o hablar sobre las partes íntimas entre amigos.
En niños mayores de siete años y antes de la pubertad, estos comportamientos suelen darse en privado, ya que los menores empiezan a reconocer la desaprobación adulta frente a estos juegos.
Estos comportamientos, conocidos como juegos sexuales exploratorios infantiles, son esperados en esta etapa del desarrollo. Se caracterizan por ser espontáneos, poco frecuentes, entre niños de edades similares que se conocen y juegan juntos. Además, son voluntarios y fácilmente interrumpibles por distracciones externas. Pero… ¿Qué hacer si observas este tipo de comportamiento en tu hijo o hija?
Lo primero es mantener la calma. Reaccionar con agresividad o censura inmediata puede reforzar la conducta o generar sentimientos negativos asociados a la sexualidad, que podrían perdurar hasta la adultez. Lo recomendable es redirigir la atención del menor de manera sutil hacia otra actividad o juego, y luego, según su edad, hablar con él o ella sobre los espacios adecuados, los tipos de juego y las personas con quienes se puede interactuar de manera segura.
Es importante subrayar que estos juegos no deben involucrar amenazas, uso de fuerza, agresión, ni causar ansiedad o malestar. Si se identifican estos elementos, o si los juegos se presentan entre niños con diferencias significativas de edad o capacidades intelectuales, es fundamental acudir a un profesional especializado así mismo cuando estas situaciones se presentan con niños de edades diferentes a 2 o 3 años o cuando son de la misma edad pero con capacidades intelectuales diferentes.
Un acompañamiento sereno, con lenguaje claro y adecuado, y una educación sexual oportuna, permitirá que el niño o niña viva su sexualidad de forma sana y acorde a su desarrollo. Además, contribuye a la prevención y detección temprana de posibles situaciones de abuso.
Sé el adulto en quien ese niño pueda confiar. Conviértete en su refugio, en su lugar seguro. Sé el adulto que tú hubieras querido tener a tu lado.




