Al alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, cuando llegue el 1.º de enero de 2026, le faltará exactamente la mitad de su período como gobernante. Dos años completos en el escritorio del poder, dos años de anuncios, ruedas de prensa, fotos, abrazos y promesas; y, sin embargo, la ciudad sigue en la misma sala de espera: mirando el reloj y esperando el cumplimiento de algunas promesas.
En 2025 escuchamos al alcalde repetir, una y otra vez, el mismo anuncio: 50 buses nuevos para Transcaribe antes de terminar el año. No una, ni dos, ni tres veces… fueron varias. Hoy al calendario le quedan apenas días y los buses brillan por su ausencia. Los recursos, según el propio alcalde, estaban “asegurados”, la licitación “en marcha”, el discurso listo… pero los buses no aparecen. Cartagena volvió a quedar condenada a la promesa.
Del famoso componente acuático de Transcaribe mejor ni hablar: show mediático en la bahía, fotos, sonrisas, lanchas, titulares… y nada más. Terminamos 2025 sin Transcaribe acuático. Mucho “figureo”, pocos resultados.
Otra promesa repetida hasta el cansancio: la Vía Perimetral terminada. Resultado: nada. Ni avances estructurales, ni cronograma serio, ni respuestas claras. Pura retórica.
En materia de seguridad, el alcalde convirtió la confrontación discursiva con el presidente Petro en estrategia. Exigió apoyo, posó como víctima del abandono nacional, pero la ciudad sigue contando muertos. A diciembre de 2025 la cifra de homicidios bordea los 300. La inseguridad no cede, los discursos abundan, y los ciudadanos se quedaron esperando hechos.
Tampoco pudimos conocer el verdadero valor de las carrozas eléctricas que reemplazarán a las de tracción animal. Ni con tutelas. Transparencia prometida, opacidad entregada. Otra cifra que la ciudadanía se quedó esperando.
El Mercado de Bazurto sigue siendo el símbolo perfecto del atraso: insalubre, caótico, indigno. Su traslado fue bandera, pero el gobierno terminó proponiendo lugares absurdos y lejanos y luego guardó silencio. Seguimos en lo mismo: promesas al aire y basura en el suelo.
La zona de tolerancia para ordenar la prostitución, sobre todo en el Centro Histórico, fue bandera de inicio de gobierno. Se persiguió a las mujeres, se hicieron operativos de show, se anunciaron soluciones “estructurales”. Hoy no hay zona de tolerancia ni política clara. Otra promesa inflada… que terminó desinflada.
¿Qué fue del anunciado teleférico desde el Cerro de la Popa hasta el Centro? Pasó de megaproyecto a megaolvido. La ciudadanía también se quedó esperando.
Del Plan de Drenaje Pluvial, ese dolor de cabeza eterno de Cartagena, no pasamos del anuncio. Ni estudios serios, ni cronograma sólido. Cada aguacero nos recuerda la inacción.
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En el IDER, el alcalde prometió mano dura y fin de la corrupción. La realidad ha sido la contraria: escándalos, ruidos, denuncias… y la corrupción campante. Los cartageneros se quedaron esperando el “corte de cuentas” que nunca llegó.
El famoso Plan Titán 24 terminó siendo más eslogan que solución. Se anunció como mano firme contra la inseguridad… y la inseguridad se burla todos los días de los anuncios oficiales.
En resumen: obras anunciadas, buses prometidos, teleféricos imaginados, zonas de tolerancia inexistentes, drenajes sin estudios, Bazurto igual o peor. Dos años después, el balance es claro: el gobierno habla mucho, promete más… y cumple poco. Nos quedamos esperando. Y la paciencia ciudadana también tiene fecha de vencimiento.

