En un movimiento que vuelve a alterar el tablero de seguridad y político del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció un cese al fuego unilateral entre el 30 de mayo y el 2 de junio, coincidiendo con la jornada electoral programada para el próximo 31 de mayo en Colombia.
La decisión fue comunicada mediante un documento firmado por la Dirección Nacional de la organización armada, en el que el grupo asegura que suspenderá acciones ofensivas contra las Fuerzas Militares y garantizará, según sus palabras, el “respeto al libre derecho al voto y la no interferencia en el actual proceso electoral”.
“El ELN no tiene como política amenazar ni atentar contra candidatos”, señala el comunicado divulgado en las ultimas horas, en uno de los pronunciamientos más sensibles de las últimas semanas en materia de orden público.
El anuncio ocurre en un contexto especialmente tenso para el país. Durante las últimas semanas se ha registrado un aumento significativo de operaciones militares en regiones estratégicas como el Catatumbo, Norte de Santander, así como en zonas del suroccidente colombiano, donde persisten enfrentamientos, hostigamientos armados y acciones de grupos ilegales.
La guerrilla precisó que el cese unilateral comenzará a las 00:00 horas del 30 de mayo y se extenderá hasta las 00:00 horas del 2 de junio. Aunque el ELN ha realizado anuncios similares en procesos electorales anteriores, el pronunciamiento adquiere una dimensión distinta debido al deterioro reciente de las relaciones entre el grupo insurgente y el Gobierno Nacional, así como al recrudecimiento de la confrontación armada en varias regiones.
En el mismo documento, el grupo armado también se refirió al bombardeo ejecutado por las Fuerzas Militares el pasado 9 de mayo en zona rural de Tibú, Norte de Santander. Según el ELN, la operación militar “cayó en el vacío” y no dejó muertos ni heridos dentro de sus estructuras, contradiciendo las versiones entregadas previamente por las autoridades colombianas sobre los resultados de esa ofensiva.
El pronunciamiento guerrillero vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad del escenario de seguridad en Colombia y la complejidad del proceso de paz con el ELN, actualmente marcado por tensiones, desconfianza mutua y operaciones militares simultáneas.
Mientras sectores políticos analizan el impacto del anuncio sobre las elecciones, organismos de seguridad mantienen las alertas activas en varias regiones ante el temor de posibles acciones de otras estructuras armadas ilegales que operan en paralelo al ELN.
El país entra así a una semana electoral atravesada por un mensaje ambiguo: una tregua temporal anunciada por una organización insurgente que, pese a hablar de garantías democráticas, continúa siendo uno de los principales actores armados del conflicto colombiano.



