La muerte por asesinatos selectivos tenía asediada a Sincelejo. Ríos de sangre corrían en la capital sucreña mientras se desarrollaba —o se retrasaba— la administración municipal anterior. La viudez y la orfandad reinaban como una corona sepulcral. El dolor y el llanto eran el pan de cada día, y la página de sucesos del diario capitalino imponía el movimiento de la tinta. Desesperanza absoluta.
Niños al lado del cadáver de sus padres eran el cuadro cotidiano. A nadie parecía importarle, pues los homicidios seguían ocurriendo en Sincelejo con una rutina e indolencia abismales. Todo un agujero negro.
Según cifras de la Policía Nacional, en 2020 hubo 39 asesinatos; en 2021 aumentaron a 72; en 2022 ascendieron a 80, mientras que en 2023 fueron 153 vidas apagadas a punta de bala en la otrora apacible Sincelejo.
La política de seguridad de esos cuatro funestos años estuvo a cargo de Andrés Gómez Martínez. Los resultados son irrefutables. Jamás afirmaré que él deseara eso, pero los números hablan. Mataban a la gente como moscas. Entonces, fue una política de seguridad fallida.
Del 2020 al 2023, durante esa administración, los homicidios en Sincelejo se incrementaron en un 292%. ¡Por Dios! A eso no hay comentario que agregar.
En 2024 aparece el elegido alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña, con su compromiso de política de seguridad llamado “Sincelejo Ciudad Segura”. De manera inmediata empezaron a verse resultados tanto en la percepción como en la realidad tangible de la seguridad, igualmente irrefutables.
En 2024 hubo 57 asesinatos, es decir, 96 menos que el año inmediatamente anterior. Eso se traduce en una disminución del 63% de las muertes violentas en la Perla de la Sabana, apenas en el primer año del alcalde Yahir Acuña.
Noventa y seis personas que le deben la vida a “Sincelejo Ciudad Segura”. En 2025 cerró el año con 59 homicidios, lejos de los 153 del catastrófico 2023, cuando Acuña no estaba en la administración.
Si nos vamos a lo corrido de mayo de 2026 versus mayo de 2023, las comparativas muestran 74 homicidios en 2023, mientras que en 2026 —aunque aún no concluye— van 23 homicidios. Es decir, 51 asesinatos más en 2023. Esto es para que esa macabra historia no vuelva a repetirse.
De seguir la tendencia cultivada en la anterior alcaldía, Sincelejo sería hoy una ciudad inviable, mucho más cerca de ocupar los primeros puestos entre las 25 ciudades más peligrosas del mundo, de donde nos rescató Yahir Acuña Cárdales. Nadie puede negar objetivamente eso. La ciudadanía debe reconocerlo, y está en deuda con ello.
De haber continuado el crecimiento del 292% heredado por la administración de Acuña, las muertes violentas se contarían por miles. Vaya usted y coloque miles de cadáveres uno al lado del otro. ¡Sí, miles! Eso es dantesco.
No hay cómo agradecer —todos, y léase bien: todos los habitantes de Sincelejo— el haber logrado, mediante la política de “Sincelejo Ciudad Segura”, el rescate de la inviabilidad que, de estar hoy en manos de los de antes, era lo único seguro que tendríamos.
“Sincelejo Ciudad Segura” no puede dejarse arrumada en ningún gobierno. Lo correcto es convertirla en una política de Estado: el Estado de nuestra patria chica.
Repetir y mejorar este comportamiento positivo es la tarea de los sincelejanos. Y eso que solo toqué el ítem de homicidios, dejando claro que los demás aspectos relacionados con la seguridad también han mejorado.



