La más reciente medición electoral sobre la carrera presidencial de 2026 dejó un dato que pasó casi desapercibido entre la fuerte disputa por el liderazgo entre Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia: la fórmula presidencial integrada por Roy Barreras y Martha Lucía Zamora apenas alcanza un 0,3 % de intención de voto.
La cifra ubica a la dupla entre las candidaturas con menor respaldo electoral del país y refleja el profundo desgaste de sectores políticos asociados al antiguo establecimiento, justo en un escenario nacional cada vez más dominado por discursos polarizantes y figuras antisistema.
El resultado adquiere especial relevancia por el peso político e institucional que durante años tuvo Roy Barreras dentro de la política colombiana. El exsenador y exembajador fue protagonista de varios de los momentos más determinantes de las últimas décadas: desde su cercanía al uribismo en sus primeros años, pasando por su rol clave en el acuerdo de paz, hasta convertirse en uno de los principales articuladores legislativos del gobierno de Gustavo Petro.
Sin embargo, la encuesta muestra que ese recorrido político no se ha traducido en respaldo ciudadano competitivo para una aspiración presidencial propia.
Analistas electorales señalan que la candidatura Barreras-Zamora parece atrapada en un terreno particularmente complejo: demasiado vinculada al establecimiento tradicional para capturar el voto antisistema, pero sin suficiente estructura popular para consolidar una base electoral propia.
El fenómeno también refleja cómo la campaña presidencial de 2026 se está moviendo hacia extremos ideológicos más marcados, dejando poco espacio para figuras asociadas a la política tradicional de negociación, burocracia y gobernabilidad parlamentaria.
Mientras candidatos como Cepeda consolidan el voto duro de izquierda y De la Espriella capitaliza el sentimiento antipetrista y de mano dura, campañas como la de Roy Barreras quedan prácticamente invisibilizadas dentro del debate nacional.
La situación se vuelve todavía más crítica si se compara con otros candidatos considerados minoritarios. Incluso figuras emergentes como Santiago Botero logran superar ampliamente su intención de voto, evidenciando que el electorado está premiando discursos disruptivos antes que trayectorias institucionales tradicionales.
Con apenas 0,3 %, la candidatura Barreras-Zamora entra además en una zona políticamente delicada: la de campañas sin capacidad real de incidencia electoral, financiamiento competitivo ni posibilidad visible de disputar el debate nacional.
La fotografía electoral termina mostrando algo más profundo que una mala encuesta individual. Expone el debilitamiento de una generación política que durante años controló buena parte de los consensos del poder colombiano y que hoy parece perder espacio frente a liderazgos más emocionales, radicales y confrontacionales.



