La elección de las mesas directivas del Congreso se convirtió en la primera gran batalla política que enfrentará la coalición que respalda al presidente Abelardo de la Espriella, cuando restan pocos días para la instalación de la nueva legislatura el próximo 20 de julio.
Aunque el Partido de la U impulsa la candidatura del senador Alfredo Deluque, respaldada por sectores del Partido Conservador y Cambio Radical, el Centro Democrático insiste en que la presidencia del Senado debe recaer en Honorio Henríquez, argumentando que así lo establecen los acuerdos políticos, la tradición parlamentaria y la condición de ser la bancada más numerosa dentro del bloque de gobierno.
La colectividad sostiene que su aspiración no responde únicamente a una negociación política, sino al cumplimiento del denominado «código de honor» del Congreso.
El director nacional del partido, Gabriel Vallejo, defendió la candidatura de Henríquez al señalar que el senador ha mantenido una posición consistente frente a las principales reformas impulsadas durante el gobierno de Gustavo Petro y que representa la línea política con la que fue elegido el actual presidente de la República.
Desde esa orilla también se han expresado reparos frente a Alfredo Deluque, recordando que durante la administración anterior respaldó iniciativas como algunas reformas gubernamentales, el presupuesto nacional y proyectos relacionados con la política de paz.
El senador del Partido de la U rechazó los señalamientos y aseguró que su postura ha sido la de una oposición responsable, diferenciando las decisiones tomadas por convicción institucional de un supuesto respaldo al anterior gobierno.
Según explicó, haber apoyado algunos proyectos específicos no significa cercanía política con Gustavo Petro y reiteró que respaldará las políticas de seguridad y fortalecimiento institucional anunciadas por el presidente Abelardo de la Espriella.
Su candidatura continúa sumando apoyos dentro de sectores tradicionales del Congreso, lo que mantiene abierta la disputa por la presidencia del Senado.
- La Cámara también entra en la negociación
La definición del Senado impacta directamente la elección de la presidencia de la Cámara de Representantes. Daniel Briceño, también del Centro Democrático, confirmó que había iniciado una campaña para dirigir la Cámara con respaldo del nuevo Gobierno, pero explicó que esa aspiración quedó suspendida mientras su partido concentra todos sus esfuerzos en obtener la presidencia del Senado.
Briceño advirtió que, si finalmente el Centro Democrático pierde ambas corporaciones, la coalición de gobierno podría iniciar la legislatura con un escenario político menos favorable para impulsar la agenda del Ejecutivo.
Desde el Partido Conservador también surgieron llamados a mantener la unidad. El expresidente del Senado Efraín Cepeda pidió actuar con prudencia y evitar que las diferencias internas terminen trasladando la definición al voto de las bancadas de oposición, escenario que, a su juicio, sería inconveniente para la coalición que respalda al Gobierno Nacional.
El dirigente conservador insistió en que el nuevo equilibrio político exige consensos entre los partidos aliados para preservar la gobernabilidad del Congreso.
- El Pacto Histórico marca distancia
Entre tanto, el Pacto Histórico reiteró que actuará como bancada de oposición y aseguró que no participará en las negociaciones para escoger a los presidentes de Senado y Cámara. No obstante, la colectividad anunció que reclamará las segundas vicepresidencias de ambas corporaciones, al considerar que ese derecho está garantizado por el Estatuto de la Oposición.
La conformación de las mesas directivas será la primera prueba de cohesión para la mayoría que acompaña al presidente Abelardo de la Espriella. Más allá de los nombres, el resultado permitirá medir la capacidad de articulación entre los partidos que integran la nueva coalición y anticipará el ambiente político con el que comenzará el trámite de las reformas que el Gobierno espera presentar durante su primer año de mandato.
La votación del próximo 20 de julio definirá no solo quién dirigirá el Congreso durante la primera legislatura, sino también el equilibrio de fuerzas con el que arrancará una etapa clave para la gobernabilidad del país.



