El ejercicio del periodismo no nos otorga una patente de corso para afectar reputaciones y luego intentar justificarlo bajo el cómodo argumento de la “buena fe”. Lo que hoy ocurre entre el comunicador social Jovanny Bustos Cortés y el diario El Universal de Cartagena no es únicamente una controversia judicial; también representa una reflexión sobre cómo el orgullo corporativo y las estrategias jurídicas pueden terminar alejando a un medio de comunicación de los principios de responsabilidad editorial.
Analicemos los hechos sin el habitual corporativismo con el que, en ocasiones, los medios solemos protegernos entre nosotros. El 22 de mayo de 2026, El Universal publicó un titular de alto impacto: “Caso Yeimy Paola Vargas: señalan al hombre que estaría detrás de la falsificación”. En esa publicación, vinculó a Bustos Cortés como “presunto autor intelectual”.

Una expresión de esa naturaleza tiene un enorme impacto. En la era digital, una etiqueta de semejante alcance puede permanecer durante años en motores de búsqueda, afectando la percepción pública de una persona incluso antes de que exista una decisión definitiva de la justicia.
Sin embargo, el debate jurídico tomó otro rumbo cuando el Juzgado Décimo Civil Municipal de Cartagena determinó que, según lo expuesto en el proceso, la Fiscalía General de la Nación no había utilizado la expresión “presunto autor intelectual” en sus audiencias ni en sus comunicaciones oficiales. El cuestionamiento central no giró entonces alrededor de una interpretación compleja de una actuación judicial, sino sobre la forma en que fue presentada públicamente una información que no correspondía literalmente a los pronunciamientos oficiales conocidos.
Ante el fallo de tutela del 26 de junio, mediante el cual se ampararon los derechos fundamentales a la honra y al buen nombre de Bustos Cortés, la reacción de El Universal abrió un nuevo capítulo en esta controversia:
1. Impugnación para controvertir la decisión judicial:
El 7 de julio, el medio presentó un recurso de impugnación buscando que se revocara la orden impartida por el juez, argumentando la protección constitucional de la libertad de prensa y la reserva de fuentes. La libertad de prensa constituye un pilar esencial de la democracia; sin embargo, también implica responsabilidades relacionadas con la verificación, el rigor informativo y la protección de los derechos fundamentales de las personas involucradas en una publicación.
2. Una rectificación que genera debate:
Un día antes, El Universal publicó una retractación en cumplimiento de lo ordenado judicialmente. No obstante, la forma en que fue redactada generó cuestionamientos, debido a que el medio atribuyó parte del origen de la información a fuentes externas. La discusión de fondo es si esa explicación resulta suficiente frente al principio de responsabilidad editorial: quien publica una información también asume la responsabilidad sobre su contenido y alcance.
3. La permanencia de la publicación original en plataformas digitales:
Otro punto de controversia surgió porque, mientras se difundía la rectificación, la publicación inicial continuaba disponible en los espacios digitales del medio. La parte afectada considera que esto mantiene vigente el impacto de la información cuestionada y por ello solicitó las actuaciones judiciales correspondientes para evaluar un posible incumplimiento de la orden impartida.
Este editorial se pronuncia frente a una práctica que debería generar una profunda reflexión dentro del periodismo: la rectificación no puede convertirse en un trámite formal destinado únicamente a cumplir una orden judicial. Es una herramienta esencial para preservar la confianza pública y demostrar que los medios tienen la capacidad de reconocer, corregir y reparar cuando una información afecta derechos fundamentales.
La rectificación periodística no es una derrota para un medio de comunicación; por el contrario, es una demostración de madurez profesional. La credibilidad no se pierde por reconocer un error, sino por intentar justificarlo cuando existen cuestionamientos razonables sobre el rigor con el que fue elaborada una publicación.
La idea de que un medio puede ubicarse por encima de los ciudadanos a quienes informa es un camino que conduce inevitablemente al deterioro de la confianza pública. Cuando el periodismo se equivoca, la respuesta ética debe estar basada en la transparencia, la corrección oportuna y el compromiso con la verdad.
Defender la libertad de prensa implica también defender la responsabilidad que acompaña ese derecho. La una no puede existir sin la otra.



