Una investigación de la Universidad Manuela Beltrán encontró microorganismos en el 100% de los cascos de motos analizados, incluidos hongos, levaduras, bacterias y Escherichia coli, un indicador de contaminación fecal. Expertos recomiendan reforzar las medidas de higiene sin dejar de usar este elemento de protección.
Una investigación realizada por la Universidad Manuela Beltrán (UMB) encendió las alarmas sobre la higiene de los cascos compartidos que utilizan miles de pasajeros en los servicios de mototaxis. El estudio encontró microorganismos en la totalidad de los cascos analizados, entre ellos bacterias, hongos, levaduras e incluso Escherichia coli (E. coli), una bacteria considerada como indicador de contaminación de origen fecal.
El uso de las llamadas mototaxis se ha consolidado como una alternativa de movilidad rápida y económica, especialmente en ciudades como Cartagena, Sincelejo y pueblos del Caribe donde los problemas de congestión vehicular llevan a miles de personas a optar diariamente por este servicio ilegal. Sin embargo, el intercambio constante de cascos entre pasajeros también representa un desafío en materia de salud e higiene.
- El estudio
La investigación evaluó microbiológicamente 32 cascos utilizados por pasajeros. Los resultados evidenciaron que el 100% de las muestras presentaban algún tipo de microorganismo.
Los investigadores identificaron bacterias aerobias comunes, coliformes, hongos y levaduras. El hallazgo que más llamó la atención fue la presencia de E. coli, bacteria que suele utilizarse como indicador de contaminación fecal y cuya presencia evidencia deficiencias en las prácticas de higiene.
Según explicó la microbióloga Andrea Cortés, el interior del casco ofrece condiciones ideales para la supervivencia y proliferación de microorganismos debido a que los materiales acolchados absorben sudor, grasa natural de la piel, células muertas, residuos de cabello y productos cosméticos. A esto se suma el calor y la humedad generados por el uso continuo.
El estudio también encontró hongos en el 37,5% de los cascos y levaduras en el 59%, microorganismos que, aunque normalmente conviven con las personas sin causar enfermedad, pueden favorecer la aparición o el agravamiento de afecciones dermatológicas cuando encuentran ambientes cálidos y húmedos.
- ¿Qué riesgos existen?
Los investigadores aclaran que la presencia de microorganismos no significa que una persona vaya a enfermarse automáticamente al utilizar un casco compartido. Sin embargo, el riesgo aumenta cuando existen heridas, raspones, piel recién afeitada, acné inflamatorio, dermatitis o sistemas inmunológicos debilitados.
En estas condiciones, las bacterias pueden ingresar con mayor facilidad y provocar infecciones cutáneas. Asimismo, enfermedades como la dermatitis seborreica, la foliculitis, la tiña, la candidiasis cutánea o la pitiriasis versicolor pueden agravarse cuando se utilizan cascos con deficiente limpieza y altos niveles de humedad.
La experta en salud pública Diana Sandoval explicó que la presencia de E. coli puede originarse cuando una persona manipula el casco sin haberse lavado correctamente las manos después de ir al baño, iniciando una cadena de contaminación que puede trasladar microorganismos hacia la boca, el rostro o los alimentos, incrementando el riesgo de síntomas gastrointestinales como diarrea, vómito y dolor abdominal.
- Recomendaciones para reducir el riesgo
Los especialistas enfatizan que el casco sigue siendo un elemento indispensable para salvar vidas y prevenir lesiones graves en caso de accidente, por lo que el estudio no busca desestimular su uso, sino promover mejores prácticas de higiene.
Entre las principales recomendaciones para los pasajeros se encuentran utilizar un casco propio siempre que sea posible, emplear una cofia, gorro o pañuelo limpio cuando deban usar un casco compartido y revisar que el acolchado esté seco, limpio, sin cabellos ni malos olores antes de colocárselo.
También aconsejan evitar tocar innecesariamente el interior del casco y lavarse las manos al finalizar el recorrido, especialmente antes de consumir alimentos o tocarse la cara.
Para los conductores, los expertos recomiendan realizar limpiezas y desinfecciones periódicas con productos adecuados para este tipo de elementos, mantener los cascos secos y ventilados, evitar almacenarlos húmedos en espacios cerrados y, cuando sea posible, disponer de más de un casco para permitir su ventilación entre cada uso.
Los investigadores concluyen que mantener los cascos limpios, secos y correctamente desinfectados permite reducir significativamente la exposición a microorganismos sin comprometer la protección que ofrecen frente a los accidentes de tránsito.



