¿Ustedes ya llegaron a la edad en la que les molesta que estén las luces prendidas, la puerta abierta y los ruidos fuertes? Si están en esa edad seguramente se identificarán con muchas de las cosas que quiero compartir con ustedes en esta columna, porque a esas tres cosas debo sumar otra larga lista, empecemos:
- Me molesta la gente que sale a la calle con el tapabocas mal puesto y/o come mientras camina.
- Me molesta la gente que deja que su perro se acerque al mío mientras lo estoy paseando, a sabiendas de que ellos también deben guardar distancia sino conviven.
- Me molesta que la gente se me acerque más de lo debido cuando el mensaje del distanciamiento social es permanente, y claro.
- Me molesta que la gente que cree -y están en su derecho- que el Covid no existe, incumpla las reglas de convivencia actuales, es que deben seguirlas así no crean en nada. Están en una sociedad y las reglas son para seguirlas. Al país que fueres… haced lo que vieres.
- Me molesta la gente que le pone mofles escandalosos a las motos o carros para que nos percatemos de su paso, cuando no hay mayor placer que la cautela.
- Me molesta la gente que tira las colillas de los cigarrillos en la calle, porque consideran a su discreción que es un cenicero ilimitado.
- Me molesta que la gente se abalance sobre mi a la hora de saludarme, cuando pueden demostrar su afecto con el codo.
- Me molesta la gente que ríe a carcajadas y habla de manera escandalosa en sitios públicos o en reuniones, cuando lo de hoy es la mesura para evitar que expulsemos partículas de saliva de la boca.
- Me molesta ver tanto bus, camión y carro de servicio expulsando polución desmedida, cuando tenemos clarísimo que contamina más de la cuenta.
Y puedo continuar con la lista… pero ya me da pena seguir desahogándome con ustedes, me encantaría que me contaran también que les molesta mencionándome en Twitter: @giraldosantiago; de esa manera voy a sentir que mi siquis no es la única afectada por esta pandemia, y así compartimos las cargas. Aunque les confieso que me molesta que las redes sociales censuren cuentas, porque las posturas es mejor tenerlas claras que escondidas, o silenciadas.
Hace mucho más daño a la sociedad la censura, porque creo que cuando los extremos son expuestos, tenemos la posibilidad de entender mejor el significado de la mesura y del equilibrio. Ahora, es tan grave la censura en redes, que solo los jueces deberían tener la capacidad de privar la libertad de expresión, y solo cuando esta atente contra cualquier principio básico, esta regulación está quedando en evidencia que hace falta.
En todo caso, al ver que tantas cosas me molestan he llegado a la conclusión que tengo mente de mono y no de monje, esto según el maravilloso libro de la superestrella en redes sociales y presentador de podcast nº 1 On Purpose, Jay Shetty. Así que se los recomiendo porque es el momento perfecto para entrenar nuestra mente con su apoyo, se titula: “PIENSA COMO UN MONJE” ENTRENA TU MENTE PARA LA PAZ INTERIOR Y CONSIGUE UNA VIDA PLENA.
Sólo les voy a dar un ejemplo de lo que me encontré en sus páginas para que puedan dimensionar la profundidad de sus textos. La mente de mono se queja, compara, critica. La mente de monje es compasiva, afectuosa y colaboradora.
- La próxima les prometo una columna más positiva, y ustedes prométanme que se van a poner bien el tapabocas.

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SANTIAGO GIRALDO



