La mendicidad y cualquier faceta del amor, jamás deberían ir de la mano. No merece tu amor, quien te hace correr tras él para implorarle un ratito de atención. El corazón es grande y dentro puedes albergar el cariño de tus padres, hermanos, parientes y hombres y mujeres con los cuales compartes a diario, hasta encontrar lo que tu corazón requiere o lo que tu personalidad necesita. A muchos, la lectura les protege dentro de un mundo apasionante y diferente, que les ayuda a dilucidar sobre temas tan importantes como este.
Vivir persiguiendo a quienes no te aprecian, a quienes te buscan solo por necesidad, a quienes no captan el valor de tus sentimientos, es prestarnos a la degradación del efecto entrañable del amor, que es el motor que alegra y da potencia al espíritu. La vida es tan corta, que no deberíamos regalarle un segundo de tiempo a quienes nos rechazan y maltratan con su indiferencia.
El no mendigar amor, el sentir que tienes a tu lado personas que te buscan porque se sienten complacidos con tu presencia, te hace sentir importante. En ese amor, no va incluido el interés, es un afecto profundo, al que tú correspondes de igual manera. No te merece quien te busca cuando te necesita sino quien está a junto a ti en los momentos de necesidad. Aquellos que sin esperar nada, te hacen sentir amado y te brindan seguridad.
Jamás deberíamos esperar nada de nadie. Solos, con nuestra voluntad, deberíamos rechazar el comportamiento de quienes abusando de nuestros sentimientos, llenan nuestra vida de frustraciones.
Hagámonos cargo de nuestra propia felicidad, recorramos nuestro propio camino. No podemos hacer felices a los demás, sin buscar la propia, pues la vida sin amor no es nada. El amor correspondido da fuerza, libertad, alegría, generosidad y prodigalidad, si es recíproco. Comencemos a vivir, no vayamos al encuentro de un amor que va en dirección contraria a la nuestra.
El escuchar y entender el dolor de los demás, es ser empático. Pero recordemos, que no está mal esperar que nuestros sentimientos y necesidades también sean reconocidos. Se empático contigo mismo, irradia tu interior con ternura y comprométete a dejar de mendigar felicidad en nombre del amor y entender de una vez por todas, que aunque no nos quieran, la vida sigue y tenemos que apostar por ella.
Solo en la poesía, el poeta no busca ser amado. Él, regala el afecto con intensidad. Es una necesidad sin medida que remueve por dentro sus conmociones. De esos amores imposibles, saca el poeta el sufrimiento entrañable que le proyectan las supuestas musas.
Los hay sin embargo como Artur Rimbau, uno de los llamados poetas malditos, que dicen despreciar el fenómeno del amor y lo presentan lejos de la idea romántica de ternura y deleite. Para él, el amor tiene diferentes mascaras que hacen que se manifieste de manera no auténtica, pero en el fondo, es una indumentaria superficial, como queda demostrado en su poema, «Sueño para el invierno».
Amar es querer el bienestar del otro sin mutilaciones, aceptarlo tal cual es y ayudarlo, sin condenarnos a ser nuestro propio verdugo. Es un desafío al que debemos hacer frente para no terminar convertidos en pobres humanos, al transformarnos en seres amargados y solos.

