“Para ser diferentes de lo que somos, debemos tener cierta conciencia de lo que somos.”
Hacer que surja de nuestro interior la información acumulada a través de los años, es tomar conciencia, es comprender y deducir, que estamos afrontando la vida de la misma manera que lo hacían nuestros progenitores y abuelos y generando los mismos pensamientos. ¿Dónde están los beneficios? No los hay. Pensamos y actuamos igual estando en un escenario diferente.
Políticamente, recuerdo haber sido conservadora en Colombia, porque mi padre lo era. Así sin más. Ahora me doy cuenta que me dejé llevar por la corriente y que siempre hay opciones. Tomar conciencia en este caso, implica hacerse un examen objetivo de si la situación económica, social, de justicia y progreso actual e incluyente está llevando a nuestro país hacia una vida más digna para todos.
Para llegar a esto, debemos desprendernos de las etiquetas, y amparados en nuestra nueva conciencia, pensar en un Estado en el que todos quepamos y en el que se note el buen hacer para beneficio general. Luego, decidir a conciencia por quien votar.
De charla con un querido amigo colombiano, me refería él, una situación lamentable que me hizo pensar en el retroceso peligroso al que hemos llegado y que muchos no quieren mirar porque son incapaces de desprenderse del pensamiento pasado, para encarar con valentía y un razonamiento lógico, que en este caso, el de la política, no siempre lo pasado ha sido lo mejor.
Sin ser alarmista, Colombia está a punto de estallar a lo bruto. Somos nosotros responsables de que la apatía que nos consume, haya prendido más en el corazón de los colombianos, que la valentía y el arrojo de tomar conciencia real de la situación actual.
Cuando en un país una familia con posibilidades económicas no consigue los implementos necesarios para la supervivencia, pienso que el fallo es grande y se avecinan tiempos difíciles.
Hay dos opciones: o nos quedamos mirando todo lo que venga, o ponemos los pies en la tierra y le damos la vuelta al pensamiento retrogrado que nos mantiene enganchados al pasado.
Reflexionemos: no estamos en la edad media, no somos esclavos de nadie ni de nada, debemos ser libres, abrir nuestra mente a otras posibilidades, ser permeables a nuevas ideas, a nuevas opciones y entender que los tiempos cambian y nosotros tendremos que acomodarnos a ellos.
Lo más lamentable, es la falta de madurez del pueblo colombiano, que no tiene sentido de propiedad por el país. Es triste saber que hay gente que regala sus votos por un plato de comida, por leche, por una muda de ropa, dinero o porque los medios de comunicación televisión, radio, etcétera, proponen al “mejor” para ellos. Es más triste aún, cuando dichos medios son controlados por un amplio sector de la política nacional.
En Colombia no es nuevo que los políticos usen el Estado en beneficio propio con un cinismo que destruye. Todo el que pueda sacar tajada del Estado, lo hace sin remordimiento: militares, contratistas, constructores, profesores, etc. La situación actual no es nueva, es algo que ha venido creciendo desde épocas anteriores.
Desde los tiempos de Gaitán, mandinga se estableció en Colombia y allí sigue. Tomemos conciencia, abrámosle las puertas de salida al fantasma.

