En el mes de julio del 2020, la Fundación Rockefeller publicó en su página web el documento: Reset the Table: Meeting the Moment to Transform the U.S. Food System, en el que describe un plan ambicioso para revolucionar los alimentos en Estados Unidos y en el mundo. Sus principales objetivos son los siguientes: (I) integrar el sistema alimentario bajo un solo amparo político; (II) colectivizar y centralizar el control el control del suministro de alimentos; y (III) generar prosperidad.
Lo anterior se había intentado implantar en el pasado, pero se obtuvieron resultados frustrantes, según lo admite el documento de la Fundación Rockefeller. Sus intentos previos de cambiar el paradigma alimentario, conocido por ellos como Revolución Verde, llevaron un enfoque desmesurado en la producción de granos básicos más ricos en nutrientes y generaron el uso excesivo de fertilizantes químicos que agotan el suelo y ocasionan el desperdicio de agua.
En este nuevo intento, que hace parte de la Cuarta Revolución Industrial promovida por el Foro Económico Mundial y del proyecto del Gran Reinicio que tanto menciona el presidente de este grupo, se establecen unos objetivos que supuestamente pretenden ayudar a los más necesitados.
En relación con el primer objetivo, sobre integrar el sistema alimentario bajo un solo amparo político, se busca crear un marco de protección internacional que considere a la alimentación como un derecho y, seguidamente, como una fuente medicinal. Nada novedoso hay en esto, pero el programa se encuentra acompañado de un proyecto de modificación genética de alimentos, bajo el pretexto de hacerlos más nutritivos.
Las Big Tech o grandes corporaciones tecnológicas no quieren quedarse fuera del pastel. El programa Food iD es un proyecto conjunto entre varias de ellas, como Facebook y Google, mediante el cual se busca otorgar certificación para alimentos. Así, en el caso de los que son medicinales, sólo se aprobarían los que hayan sido obtenidos con los procedimientos exigidos por estas compañías, de manera que, si un pequeño productor local no puede permitirse mantenerse al día con el último cambio de estas regulaciones, es probable que de manera inmediata quede como ilegal y sea censurado en el mercado.
En el segundo paso, sobre centralizar el control de los alimentos, el documento se refiere a la protección de los pequeños y medianos agricultores, mediante una vigilancia más estricta de la destinación de los subsidios estatales, así como también, de la creación de mercados regionales más ágiles y diversos. Sin embargo, esto puede ser un disfraz que esconda intenciones de apropiación de los socios del Foro Económico Mundial, porque, en la práctica, lo que ellos están haciendo es lo contrario.
Hace unos meses, escribí sobre la tendencia que tienen algunas de las personas más ricas de los Estados Unidos de comprar la mayor cantidad de tierras agrícolas posibles. Un ejemplo se encuentra en Bill Gates, que este año se convirtió en el terrateniente agrícola más grande de ese país, lo cual, junto con Jeff Bezos, el propietario de CNN y otros billonarios puede llegar crear una centralización del sistema de fabricación y compra de alimentos.
El último paso es la prosperidad, pero parece que se trata de aquella de los socios del Foro Económico Mundial. Lo primero que ellos plantean es la regulación obligatoria, bajo el pretexto de mantener la seguridad alimentaria, pero que puede tratarse de un mecanismo para eliminar cualquier tipo de competencia. En este mismo sentido, buscan la implementación de un sistema de monitorio de datos agrícolas, mediante el cual puedan vigilar y determinar dónde crece la demanda.
Algunos expertos afirman que existe una escasez mundial de semillas, de manera que la intención de reiniciar el mercado mundial de alimentos puede dejar en dificultad al sistema agrícola de baja escala. Incluso, si un país tiene suficientes semillas, éstas pueden ser consideradas como no esenciales.
En Rusia y Ucrania, consideradas despensas de Europa, han visto últimamente una disminución del 20% en la producción de cereales. También, Estados Unidos ha experimentado su superficie más baja de trigo, patatas y maíz desde el siglo pasado. Al respecto, la NASA publicó el artículo: Solar Minimum is Coming, en el cual afirma que una de las razones para la disminución agrícola en algunos países, se debe a que estamos entrando en un periodo de mínimo solar y por ende de enfriamiento global.

