El marxismo contemporáneo viene haciendo uso de mecanismos de mercadeo capitalista con el fin de usarlos como herramienta para expandir sus pensamientos y proyectos de dominio cultural y control político. La utilización de símbolos, entre los cuales resaltan, el uso de banderas, escudos con puño, pañuelos de color verde, ponerse de rodillas antes de cada juego deportivo, utilizar banderas nacionales al revés, usar estilos de corte de pelo particulares, composición de canciones y coreografías, así como la creación de organismos que busquen patentar los derechos humanos y convertirse en los centros de decisión sobre las definiciones de moral y justicia, han formado una estructura de poder ideológico que impone modas y crea segregación a los que no entren en ellas.
Augusto Cury, reconocido psiquiatra brasilero, explica que las generaciones actuales sufren una hipersensibilidad, en la que pequeños problemas causan un gran impacto en el territorio de las emociones.
Para ser más preciso, sostiene que, así como un individuo adquiere vulnerabilidad en su sistema de defensas al mantenerse un largo tiempo alejado de las bacterias, del mismo modo, tratar de mantener a los hijos en una cápsula de comodidad e inexistencia de dificultades, termina produciendo generaciones débiles emocionalmente e incapaces de hacer frente a los problemas de la vida adulta.
La debilidad emocional que sufren las generaciones actuales ha desembocado en un sentimiento de victimismo, el cual ha sido identificado por grupos ideologizados que aprovecharon la oportunidad para canalizar sus objetivos de control cultural y dominio político a través de falsas causas sociales.
Grupos como BLM, LGTBIQ+ o FEMM son algunos ejemplos de asociaciones que pretenden: (I) mantener vivo el victimismo; (II) revivir constantemente problemas del pasado que fueron superados; (III) patentar los derechos humanos y convertirse en élites de la definición de justicia y moralidad, para sentirse con autoridad de atacar o reclamar a cualquier miembro de su condición que contraríe sus posturas ideológicas; (IV) acabar cualquier enseñanza o congregación que corrija sus errores.
En relación con victimismo, Rahav Gabay, prestigioso doctor en psicología y Profesor de la Universidad de Tel Aviv, lo define como el sentimiento de verse uno mismo como una víctima, generalizándose en muchos tipos de relaciones. En palabras del doctor Gabay: “como resultado, la victimización se transforma en un elemento fundamental de su identidad individual. Las personas que poseen esta mentalidad tienden a manifestar un locus de control muy exteriorizado, es decir, atribuyen sus desgracias a fenómenos que no pueden controlar, como […] el libre albedrío de otras personas”.
De igual forma, las investigaciones realizadas por el Estado de Israel identifican cuatro dimensiones dentro del victimismo, las cuales son: (I) búsqueda constante del reconocimiento del victimismo propio; (II) sentido de elitismo moral; (III) falta de empatía ante el daño y sufrimiento ajenos; y, (IV) constante rumiación sobre victimización en el pasado. En este mismo sentido, un descubrimiento destacable en los estudios desarrollados por Rahav Gabay, Emily Zitek y otros profesores de psicología, ha sido que no necesariamente una persona con tendencia hacia el victimismo fue víctima de una gran ofensa en el pasado.
Para expandir el marxismo contemporáneo, algunas ONG´s han tomado el victimismo de la juventud actual y lo han canalizado en los márgenes de las estrategias de mercadeo capitalistas. Herber N. Casson, en su libro: Axiomas de los Negocios, relata la historia de un zapatero escocés en épocas del expansionismo del Imperio Británico. Según cuenta el autor, el zapatero manifestó a sus familiares y amigos que tenía la intención de mudarse a África, pero todos coincidieron en decirle que era una mala idea, puesto que, en ese continente, los nativos andaban descalzos y ninguno compraría zapatos. Sin embargo, la respuesta del emprendedor fue manifestarles que en eso estaba la oportunidad, en crear la necesidad en el mercado, porque ahora él haría que los africanos usarán zapatos, así no los necesitaran.
La historia anterior se aplica a los falsos movimientos de justicia social que están siendo exportados desde Estados Unidos al resto de occidente, los cuales vienen haciendo uso de simbolismos, redes sociales, canciones, videos, propagandas, Hollywood, Netflix, dibujos animados, series de televisión, juguetes infantiles, letreros y otras herramientas de mercadeo que han ido creando un mensaje sugestivo en el inconsciente de la sociedad, así como una moda impuesta que segrega y discrimina toscamente a quienes la rechazan. Es un culto a la debilidad emocional con ínfulas de supremacía moral, que genera enormes réditos económicos a quienes lo dominan.

