El 1º de mayo es, por tradición, una fecha sagrada para el trabajador. Pero en Colombia, en tiempos de Gustavo Petro, se ha convertido en un teatro bochornoso donde los verdaderos trabajadores quedan relegados. En su lugar, desfilan quienes no aportan al aparato productivo nacional, pero sí figuran como protagonistas de una escenografía política comprada con dineros públicos. La “marcha del pueblo” ha pasado a ser, en efecto, la marcha de los que no trabajan, pero viven sabroso.
Bogotá ha sido invadida nuevamente por delegaciones de comunidades indígenas, particularmente del Cauca, transportadas en caravanas financiadas por el Estado. La razón oficial: apoyar las reformas del presidente Petro. La verdad evidente: se trata de una movilización orquestada desde el poder, utilizando a comunidades históricamente vulnerables como carne de cañón política. (Son los mismos líderes indígenas quienes se han corrompido y han vendido sus conciencias) Lejos de representar una expresión espontánea de resistencia o dignidad, estas marchas son el reflejo de la perversión de una lucha social legítima convertida en espectáculo partidista.
Las entrevistas realizadas por medios independientes han revelado una realidad alarmante: muchos de los presentes no entienden ni siquiera las reformas que supuestamente respaldan. Han llegado en buses, sin información, sin propósito claro, engañados o comprados. Algunos creen estar en una excursión; otros admiten haber venido por el simple hecho de que “les pagan”. Esta no es una movilización ciudadana, es una transacción.
El gobierno ha disfrazado esta operación de «participación popular», pero lo cierto es que el clientelismo étnico ha llegado a su punto más alto de descomposición ideológica. Los pueblos indígenas del Cauca, que deberían ser respetados en su autonomía y derechos, han sido convertidos por este gobierno en fichas de su proyecto político. Se les ha inundado de recursos, de transferencias, de favores… pero no para mejorar su calidad de vida, sino para garantizar obediencia política.
Y aquí está la gran contradicción: estos grupos, que reclaman autonomía y rechazan la presencia del Estado en sus territorios, no dudan en estirar la mano para recibir millones del mismo Estado que dicen resistir. No permiten que la ley colombiana rija en sus territorios, pero sí permiten que los dineros del Estado fluyan sin control. Esta incoherencia es insostenible y profundamente peligrosa.
En estos días, Bogotá ha sido testigo del desorden: chivas repletas de indígenas trepados y colgados, armados con palos y… (vaya saber Dios de que más…) que no respetan las normas, personas en estado de embriaguez paseando por avenidas principales, parques tomados como campamentos improvisados, y hasta armas incautadas. En la Universidad Nacional, se han reportado enfrentamientos entre estudiantes y miembros de estas delegaciones. ¿Esto es protesta social o simplemente caos disfrazado de causa?
Mientras tanto, el presidente Petro insiste en que estas multitudes lo respaldan. Pero ese respaldo es artificial moldeado por el dinero corruptor de este gobierno delincuente. No hay convicción, no hay argumentos, no hay ciudadanía crítica. Lo que hay es una masa instrumentalizada, sin voz propia, llevada a Bogotá como utilería de un presidente que ha perdido el norte, el sur, el …. Como bien se dice en voz baja: es una marcha comprada.
La democracia no se construye a golpe de buses llenos ni de aplausos comprados con subsidios. Se construye con ciudadanos informados, con debate, con ideas. Y lo que está haciendo el gobierno no es fortalecer la democracia, sino prostituirla.
A esto hemos llegado: a un gobierno que no promueve el trabajo, sino el asistencialismo; que no busca la justicia social, sino la obediencia subvencionada; que no escucha al pueblo, sino que lo manipula con recursos del erario.
Hoy, más que nunca, necesitamos alzar la voz contra esta farsa. No todos estamos dispuestos a vivir sabroso a costa del trabajo de otros. No todos vendemos nuestra conciencia por un bono. Y mientras muchos callan por miedo o comodidad, aún quedamos quienes denunciamos, escribimos y resistimos con la palabra.
El verdadero respaldo se mide en ideas, no en masas arrastradas. El país merece algo mejor que esta tragicomedia.
COLETILLA: En estos días, pero en especial ayer, el gobierno giro grandes sumas de dineros, a que no adivinan para que.



