PRIMER ACTO: El correr de los días nos ha venido demostrando que las incoherencias, estupideces, abusos de autoridad y los disparatarios jurídicos en que parece incurrir permanentemente el Presidente Gustavo Petro no son otra cosa que una estrategia para confundir a la opinión pública y crear polémica en todas las esferas del país, corriendo el riesgo, a sabiendas, de asumir el título de incompetente, que lo recibe más como abono a sus falsos logros, motivado por su obsesión, que los cree como aciertos más que como pérdidas. Ese pensar es el producto de los delirios que genera la mitomanía, y contra eso es difícil luchar.
Petro, además de sus adicciones, sufre de otro síndrome: el de la hipertimesia, que le da una enorme capacidad de almacenamiento para recordar sus propias tragedias, que las defiende escudriñando la vida de sus posibles oponentes, las que minuciosamente busca, guarda y saca a relucir en el momento oportuno. Y… si no son verdaderas, las inventa. Algunas son ciertas, otras aumentadas a la talla de sus intereses, que las propagan sus calanchines para destruir honores y dignidades.
Por ello, todo el que se le cruce o incomode en su arbitrario accionar, seguro le aplicará el archivo del libro negro en que guarda las memorias del mismo color. Esa es una de las razones que nos preocupan de la llegada del Dr. Lidio García Turbay, que llegó con mayoría apabullante como presidente del Congreso, y que, por presión, chantaje o extorsiones políticas, pueda ser doblegado.
Considero que el Dr. García Turbay está obligado moralmente, como mínimo, a seguir con independencia y carácter su gestión, que no puede ser inferior en determinación y autonomía a la del saliente Efraín Cepeda, que definió la independencia de poderes con valentía y riesgos.
De otra parte, Dr. Lidio, lleva usted en sus venas el apellido Turbay, situación que lo obliga a mantener su indeclinable firmeza dentro del equilibrio, para que la justicia y la patria brillen ante el miedo y la arbitrariedad del jefe de Estado, y le permita despojarse de la sumisión. Sé que usted será superior a esas presiones. Espero no equivocarme.
El país no puede olvidar el atentado a Miguel, un joven de lujo, sano, que vivió la tragedia de su madre, y hoy la vive en carne propia, por lo que estamos obligados a reivindicar, por lo menos, recuperando la democracia, la seguridad y la respetabilidad institucional, que es uno de los anhelos de Miguel Uribe. Luchemos en su honor.
No descarte, señor presidente del Congreso, que cuando ahí se llega, se expone a todo, aun a los calumniosos lunares que el enemigo indilga y que los hace visibles. Y el que acepta, según el decir común, es para hacerlos borrables. Es ahí donde debe imperar la solvencia moral o el carácter firme para la rectificación, para que se imponga el deber, de la mano de la obligación.
La colectividad exige claridad y firmeza del Congreso y la Cámara para la aprobación o no de los proyectos que presente el presidente. Como también está obligada a hacer valer, en derecho, las faltas que el jefe de Estado cometa, para castigarlas sin miedo. En sus manos está honrar el Congreso y la patria, Dr. Lidio.
Y para los Representantes está la gratitud y el deber de considerarse ungidos por el voto popular, para que cumplan con el deber moral y legal, más que político, de aplicar las sanciones cuando en derecho se ajustan. El juicio de los topes, hoy engavetado, les ha restado valor a ustedes. ¡Reaccionen!
SEGUNDO ACTO: Petro ratifica sus arbitrariedades con la violación de la Constitución, las leyes y la autonomía de los poderes. Pero ahora, lo que pretende hacer se incrementa gravemente en grado mayor, porque además de lo inescrupuloso, pasa a traicionar abiertamente a la patria, al poner a libre disposición del progresismo de Venezuela la soberanía territorial de Colombia, lo cual desafía abiertamente al Congreso y a la H. Corte Constitucional, que a todos los ignora.
¿Acaso eso no da lugar a un juicio por traición a la patria? Que se pronuncien los duchos cancilleres, pero los que brillaron por sus sabidurías, no los que coadyuvaron a la traición que se pretende hoy. Que el grito llegue a las instancias y tribunales internacionales, porque el presidente ya dejó de ser un demócrata para convertirse en un descarado dictador consumado.
Maduro y Petro han creado la franja comercial que está dispuesta al servicio “inocente y honesto” del tráfico comercial de todo orden. Yo tengo la seguridad de que el alma valerosa de los santandereanos y de los guajiros se hará sentir. Y… si es por ahí por donde aparece otro florero que honre a Manuela Beltrán y a José Prudencio Padilla, pues por ahí será, o debería ser, lo que se debe esperar.
Colombianos, pueden dar por seguro que, si nos dormimos, Colombia también perderá soberanía de sus áreas marinas, a las que, ni corto ni perezoso, se pegará el presidente de Nicaragua, por lo que terminará, como lo dije en alguna oportunidad, anclando sus naves frente a las murallas de Cartagena de Indias, como el pirata brujo del progresismo.
Estamos perdiendo hasta la territorialidad nacional y, como estrategia, están encerrando a Colombia en un círculo, casi con los alcances de un campo de concentración, al que llamarán proceso de integración americana. Y no es otra cosa que el acorralamiento de la libertad.
Recuerden el caso de la Corbeta Solitaria; ahora sí le llegó la compañía, que, por desgracia, su propio sepulturero será el mismo presidente Petro. Está el golfo de Coquivacoa, hoy servido en bandeja de oro por el mesero del Palacio de Nariño, al servicio del Maduro de Miraflores.
¿Qué piensa el presidente del Congreso y la H. Corte Constitucional? ¿Qué dicen los partidos políticos? ¿Lo van a permitir? Si el silencio es de sabios, en estos momentos, callar es de cobardes y pendejos.
Quiero escuchar nuevamente la voracidad republicana del Dr. Abelardo de la Espriella, a María Fernanda Cabal, a la valerosa representante Lina Garrido, a Paloma Valencia, a JP Hernández, a Germán Vargas Lleras, a la oposición entera, y a los representantes del sector empresarial e industrial del país. A los microempresarios. A Fedegán. A toda Colombia. Y que sea por todos los medios: TV, radio, prensa, medios virtuales. El tiempo se agota y Petro lo capitaliza a su favor.

