“…nunca quedan satisfechos y solo un milagro puede cambiar a estas personas, con esa codicia, y por tal razón su destino será en Naraka, el reino de los fantasmas hambrientos…”
Ya estamos a las puertas del calendario electoral para las elecciones de congresistas este 8 de marzo de 2026 y las de presidente y vicepresidente el 31 de mayo del mismo año. Es conocida la obstrucción politiquera y rastrera que llevan sobre sus hombros parlamentarios sumisos a los expresidentes y a los partidos políticos Centro Democrático, Liberal, Conservador, Cambio Radical, La U, Colombia Justa Libres, MIRA, ASI y La Liga, cuando anunciaron que sus colectividades no apoyarían —como así sucedió— las reformas, buenas o malas, pero que debían analizarse, que el Gobierno llevó a las mesas de discusión.
Nuestros expresidentes, algunos empresarios y politiqueros tienen bocas enormes y cuellos delgados y no desean perder los beneficios y el poder obtenidos a lo largo de la historia, ni caer en el ostracismo. No les importa lo mucho que hayan comido o bebido en abundancia: nunca quedan satisfechos y solo un milagro podría cambiar la codicia que encarnan; por tal razón, su destino será Naraka, el reino de los fantasmas hambrientos, pues tienen inyectado un virus que los ha convertido en zombis de la política, y valen más sus rabietas longevas que las políticas públicas.
Alegan los próximos inquilinos de Naraka que el Gobierno no presentó proyectos para debates limpios y concordantes con la realidad. Lo que no expresan es la defensa de los intereses de un pequeño sector de Puraṇaies o “elefantes viejos” que están en su octava o novena etapa de vida, aplicando siempre la elefantología: con dientes cayéndose, cuellos torcidos por la ignominia, lentos movimientos corporales y cuerpos cubiertos de arrugas, pero manejando a su antojo la manada de borregos ponzoñosos.
El rumbo tomado por algunos políticos en Colombia deja mucho que desear. Han convertido sus partidos en propiedad privada y, como lo hemos expresado, se creen “teósofos”, es decir, aquellos ilusos que se imaginan estar iluminados por un espíritu superior, creyendo llevar una vida limpia, mente abierta, corazón puro e intelecto despierto, con afecto fraternal para todos y listos para recibir consejo. Sin embargo, sus actuaciones de corrupción y nepotismo los llevarán inexorablemente a ser futuros moradores del infierno de Naraka.
Naraka, de acuerdo con la filosofía hindú, es el infierno nato, donde los malos terrenales pagarán sus penas en el más allá como castigo por los innumerables pecados cometidos durante su vida humanoide. Allí, en vez de votantes o ciudadanos maltratados, se encontrarán con seres infernales, resultado de sus acciones de codicia y del sufrimiento infligido a los más necesitados.
Estos puritanos o arcaicos dueños del poder político y económico se creen sagrados y dueños del universo hasta su destrucción. Alegan que transmiten enseñanzas económicas, morales, filosóficas y religiosas, pero no enuncian que en sus reinos el sufrimiento temporal, descrito por Naraka, fue inyectado a sus seguidores. Por ende, sus almas serán castigadas y sus karmas negativos llegarán al lugar donde enfrentarán las consecuencias de sus acciones, especialmente en el Avīci, uno de los ocho infiernos de Naraka, donde el sufrimiento continuo, sin interrupción, les será saecula saeculorum.




