Tras casi tres décadas de servicio en las filas de la Infantería de Marina, el Sargento Mayor (r) Robert Galvis Vargas decidió dar un giro decisivo en su vida pública: entrar a la arena política y aspirar a una curul en la Cámara de Representantes por el departamento de Sucre, con una bandera clara: representar con dignidad a los veteranos de la Fuerza Pública y disputar el poder a las estructuras tradicionales que, asegura, han condenado al departamento al rezago.
Galvis Vargas no se presenta como un político profesional. Se define, ante todo, como campesino de origen y militar de vocación, nacido en el Magdalena Medio de padres santandereanos y antioqueños, formado en valores familiares que —según afirma— se consolidaron en 27 años de carrera militar marcados por la disciplina, la lealtad y el compromiso con el país.
Al departamento de Sucre llegó en 1986, territorio que no solo fue escenario de sus últimos ascensos dentro de la Fuerza, sino el lugar que adoptó como hogar definitivo.
Desde esa experiencia, el hoy aspirante a la Cámara asegura haber sido testigo directo del deterioro social y político del país, así como del recorte progresivo de recursos que ha sufrido Sucre, situación que, a su juicio, limita la capacidad de gestión del departamento y perpetúa la desigualdad. “La inconformidad no basta si no se ocupan los espacios donde se toman las decisiones”, resume su diagnóstico, que explica su salto a la política.
Su incursión no está exenta de un mensaje crítico hacia la clase dirigente. Galvis sostiene que la política ha sido capturada por profesionales del poder que han fallado en su misión esencial de servir, y plantea que principios como la disciplina militar, la honestidad y la gestión eficiente pueden traducirse en una forma distinta de legislar y gobernar.
La apuesta electoral del veterano tiene un eje central: darle voz real a los veteranos de la Fuerza Pública, un sector que, según denuncia, suele ser exaltado en discursos y olvidado en la formulación de políticas públicas. “En el Congreso se hacen las leyes que afectan directamente a la gente, y allí los veteranos no han tenido una representación auténtica”, sostiene.
Para materializar su proyecto, Galvis optó por el Partido Oxígeno, colectividad que —afirma— le ofrece garantías de apertura a las reservas militares y no carga con los vicios históricos de corrupción asociados a los partidos tradicionales. Dice haber encontrado allí coherencia ideológica y la posibilidad de construir una candidatura “limpia”, sin compromisos ocultos.
Su discurso se distancia de las maquinarias políticas. Asegura no provenir de una casa política ni contar con estructuras clientelistas. Por el contrario, define su respaldo como el voto del ciudadano común: campesinos, trabajadores, mototaxistas y sectores populares que, según él, han sido sistemáticamente excluidos de las decisiones de poder en Sucre.
De lograr la curul en la Cámara de Representantes, anuncia una agenda legislativa centrada en once ejes estratégicos, entre ellos la lucha frontal contra la corrupción y el nepotismo, la generación de empleo, la reactivación del campo, el fortalecimiento del turismo, la mejora de los servicios públicos y una política integral de atención a los veteranos. Su objetivo de fondo es convertir a Sucre en una potencia productiva y alimentaria, recuperando su vocación agrícola y su dignidad económica.
Uno de los puntos más ambiciosos de su mensaje es demostrar que es posible llegar al Congreso con voto de opinión, sin campañas millonarias ni la compra de conciencias. “Romper el paradigma de que la política es solo para quienes compran votos” es, según afirma, parte esencial de su legado.
El llamado final de Robert Galvis Vargas es a la unidad: convoca a veteranos, policías, viudas, familias de la Fuerza Pública y ciudadanos inconformes con el statu quo a sumarse a un proyecto que promete devolverle la dignidad a Sucre y a Colombia.
En un escenario político marcado por el desgaste y la desconfianza, su candidatura se presenta como la de un veterano que busca trasladar la lógica del servicio a la esfera del poder civil, con la convicción de que la voluntad organizada puede superar inercias históricas.







