“Preocupa la forma displicente como algunos contradictores intentan minimizar esta visita, cuando se trata de paz y democracia global, de la paz de América Latina y su soberanía, y de la paz de Colombia y su estrategia contra el narcotráfico”.
El presidente Gustavo Petro se encuentra actualmente en Estados Unidos para un encuentro de alto nivel con el presidente Donald Trump, cuyo objetivo central es restablecer y fortalecer acuerdos económicos bilaterales, profundizar la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y reafirmar una política exterior seria, soberana y orientada a la defensa de los intereses nacionales. Este diálogo se da en el marco que corresponde a dos países con una larga historia de cooperación y, particularmente, a la relación con Estados Unidos como principal socio comercial de Colombia.
Durante la reunión, el presidente Petro expondrá de manera detallada los avances alcanzados por su gobierno en materia de seguridad y política antidrogas. Entre ellos, la erradicación de cultivos ilícitos y su sustitución mediante la Política de Drogas 2023–2033, “Sembrando vida, desterramos el narcotráfico”, que busca fortalecer la economía campesina, afrodescendiente e indígena a través de proyectos productivos sostenibles y con acceso real a mercados nacionales e internacionales.
Asimismo, se presentarán resultados concretos como la destrucción de laboratorios de producción de droga, la incautación de más de tres millones de kilogramos de cocaína durante el actual gobierno, 521 extradiciones y la reducción en el crecimiento de los cultivos ilícitos, cifras que desvirtúan narrativas interesadas que buscan desacreditar los esfuerzos del Estado colombiano.
En contraste, resulta cuestionable la actuación de algunos parlamentarios y dirigentes políticos que viajaron a Estados Unidos para hablar mal del país, encabezados por Efraín Cepeda y los senadores Lorena Ríos, Carlos Abraham Jiménez, Ana Paola Agudelo, Honorio Henríquez y Berenice Bedoya, así como las representantes Katherine Miranda y Carolina Arbeláez. Muchos de ellos, además, han sido protagonistas del bloqueo sistemático a las reformas sociales impulsadas por el Gobierno.
Este grupo político parece hoy atrapado en una profunda contradicción: su discurso pierde sustento ante un encuentro presidencial que fortalece la imagen internacional de Colombia. La incapacidad de reconocer este escenario los lleva a una actitud errática, marcada por la negación, el desgaste emocional y una obsesión por el poder que nubla el juicio político. Lejos de asumir con madurez el momento histórico, insisten en una narrativa derrotista que los desconecta de la realidad nacional e internacional.
Lo que el país conoce con claridad es que la finalidad de esas visitas “vende patria” no era otra que intentar incidir en el escenario electoral de 2026, afectando la imagen de Colombia mediante montajes insólitos y discursos alineados con sectores de la ultraderecha mediática y política en Estados Unidos. Tales actuaciones, además de irresponsables, rozan la interferencia indebida en los asuntos internos del país y atentan contra nuestra democracia y el orden constitucional.
Por ello, preocupa profundamente la forma ligera y displicente como algunos contradictores intentan minimizar el alcance de la reunión presidencial, cuando está en juego nada menos que la paz y la democracia global, la soberanía de América Latina y la consolidación de una estrategia seria contra el narcotráfico para Colombia.




