Colombia es un país que vive y respira política. Esa pasión, que en muchas ocasiones se convierte en una verdadera celebración democrática, también puede transformarse en discusiones intensas y enfrentamientos que terminan deteriorando relaciones personales e incluso familiares. Esto ocurre porque existen defensores férreos de las distintas corrientes ideológicas —de izquierda, de centro y de derecha— que, movidos por su convicción política, difícilmente logran puntos de acuerdo.
A este escenario se suma otro factor que agrava las tensiones: cuando la política se mezcla con intereses burocráticos, económicos o personales. También entran en juego debates sensibles relacionados con la religión, los derechos de las mujeres, la libertad de expresión y otros temas que suelen polarizar a la sociedad. En medio de estas disputas aparecen, además, los discursos demagógicos de quienes se especializan en movilizar masas a través de retóricas cargadas de promesas imposibles, apelando a los sentimientos y necesidades de los sectores más vulnerables con un objetivo claro: dividir para reinar.
La Constitución Política de Colombia de 1991 fue concebida precisamente para fortalecer la democracia, promover el respeto por la pluralidad y garantizar condiciones de equidad política. Sin embargo, en el contexto actual ese propósito enfrenta enormes desafíos. La proliferación de candidaturas presidenciales está profundizando las contradicciones y elevando el tono del debate público. Los enfrentamientos verbales son cada vez más intensos, muchas veces sin medir las consecuencias, en un país que conoce demasiado bien los efectos de la polarización política.
Todo indica que Colombia se encamina hacia unas elecciones complejas, en las que el debate democrático deberá manejarse con responsabilidad para evitar repetir episodios trágicos de la historia nacional.
Lo cierto es que hoy existe una creciente desconfianza hacia la institucionalidad. Algunos candidatos se presentan como los defensores de las instituciones, mientras otros prometen ejercer una “mano dura” para resolver los problemas del país. Sin embargo, más allá de los discursos, lo que muchos ciudadanos esperan son propuestas sociales claras, realistas y sustentadas en diagnósticos serios sobre la situación del Estado y las necesidades de la población.
En esta recta final del proceso electoral, el país espera que los aspirantes estudien con profundidad la realidad nacional y presenten programas de gobierno con soluciones concretas a problemas estructurales como la inseguridad, la desigualdad, el desempleo y el bajo crecimiento económico.
Estos son los 14 candidatos que se han inscrito para las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026:
- Centro Democrático – Paloma Valencia
Vicepresidente: Juan Daniel Oviedo - Pacto Histórico – Iván Cepeda Castro
Vicepresidenta: Aída Quilcué - Movimiento Con Claudia Imparables – Claudia López
Vicepresidente: Leonardo Huerta - Movimiento Defensores de la Patria – Abelardo de la Espriella
Vicepresidente: José Manuel Restrepo - Coalición Familia – Mauricio Lizcano
Vicepresidente: Luis Carlos Reyes - Partido Demócrata Colombiano – Miguel Uribe Turbay
Vicepresidenta: Luisa Fernanda Villegas - Partido Político La Fuerza – Roy Barreras
Vicepresidenta: Martha Lucía Zamora - Movimiento La Abogada de Hierro – Sondra Macollins
Vicepresidente: Leonardo Karam Helo - Movimiento Luis Gilberto Soy Yo – Luis Gilberto Murillo
Vicepresidenta: Luz María Zapata - Dignidad y Compromiso – Sergio Fajardo
Vicepresidenta: Edna Bonilla - Movimiento Romper el Sistema – Raúl Santiago Botero Jaramillo
Vicepresidente: Carlos Fernando Cuevas Romero - Partido Ecologista Colombiano – Gustavo Matamoros Camacho
Vicepresidente: Robinsón Alonso Giraldo Mira - Movimiento Caicedo – Carlos Eduardo Caicedo Omar
Vicepresidente: Nelson Javier Alarcón Suárez - Esperanza Democrática – Clara López Obregón
Vicepresidenta: María Consuelo del Río Mantilla
No sobra recordar la reflexión de Carlos March, quien advierte que existen cinco distorsiones que pueden separar una gran elección de un gran gobierno:
- Una coalición de gobierno sin verdadera coalición,
- Una democracia sin demócratas,
- Un Estado sin estadistas,
- Un gobierno sin Estado y
- Un civismo sin ciudadanía.
Muchas de estas premisas parecen haberse debilitado con el tiempo. El reto del próximo presidente de Colombia —sea de izquierda, de centro o de derecha— será precisamente recuperarlas para fortalecer la institucionalidad, reconstruir la confianza pública y encaminar al país hacia un futuro más estable.
Porque más allá de las campañas, los discursos y las disputas ideológicas, lo que está en juego es el destino de la nación. Y Colombia necesita, más que nunca, liderazgo, responsabilidad y visión de Estado.



