Antes de convertirse en un proyecto urbanístico y mucho antes de las grandes avenidas, Chambacú ya era uno de los territorios más poderosos en la memoria popular de Cartagena de Indias. Allí, entre calles improvisadas, terrenos abiertos y canchas de tierra, nació buena parte de la identidad deportiva, cultural y afrodescendiente que todavía define a la ciudad.
Hablar de Chambacú no es simplemente hablar de un barrio o de un sector geográfico. Es hablar de resistencia, de integración social, de música, de fútbol y de generaciones enteras que encontraron en ese territorio una oportunidad para crecer en medio de las dificultades.
El historiador de la Escuela Taller Cartagena de Indias, Rodrigo Alfaro, sostiene que Chambacú fue durante décadas uno de los escenarios más importantes de la vida popular cartagenera.
“Chambacú recibió a todos. Esa fue siempre su esencia. Aquí llegaba quien no tenía casa, quien buscaba trabajo, quien soñaba con jugar fútbol o simplemente quería comenzar una nueva vida en Cartagena”, explicó.
La historia de Chambacú se remonta a la época colonial, cuando el sector aparecía como una extensa zona cenagosa ubicada alrededor de la ciudad amurallada. Su entorno natural incluso cumplía una función estratégica dentro del sistema defensivo de Cartagena.
Según Alfaro, las condiciones naturales del terreno ayudaban a dificultar el acceso terrestre a la ciudad durante los años coloniales.
Con el crecimiento económico y portuario de Cartagena a finales del siglo XIX y comienzos del XX, el territorio comenzó a poblarse rápidamente con familias provenientes de distintos puntos del Caribe colombiano. Muchas llegaban buscando oportunidades laborales vinculadas al puerto, al comercio y al desarrollo ferroviario.
Poco a poco, Chambacú se transformó en una comunidad profundamente diversa, marcada por las raíces afrodescendientes y por una intensa vida cultural que terminó convirtiéndose en símbolo de la Cartagena popular.
“Muchas expresiones culturales que desaparecieron en otros sectores sobrevivieron en Chambacú. Aquí se mantuvieron vivos los bailes de cabildo, los bullerengues y los fandangos”, recordó Alfaro.
Pero si algo convirtió a Chambacú en leyenda dentro de la memoria colectiva de Cartagena fue el deporte.
Tras el traslado de numerosas familias durante los años sesenta, amplias zonas del sector quedaron convertidas en terrenos abiertos que comenzaron a ser ocupados espontáneamente por jóvenes y deportistas de distintos barrios de la ciudad.
Lo que para muchos era simplemente un lote vacío terminó convirtiéndose en el corazón del fútbol popular cartagenero. “Todo esto se volvió un enorme complejo deportivo improvisado. Aquí había varias canchas de fútbol once y escenarios de sóftbol donde jugaban jóvenes de toda Cartagena”, relató el historiador.
Desde barrios como Torices, Canapote, Daniel Lemaitre, San Francisco y El Papayal llegaban diariamente decenas de muchachos a entrenar bajo el sol intenso de Chambacú, soñando con alcanzar algún día el fútbol profesional. Y muchos lo lograron.
Las canchas de tierra de Chambacú vieron crecer a figuras que posteriormente marcarían la historia del deporte colombiano, entre ellos Wilmer Cabrera, Edson Becerra, Juan Pablo Pino, Cristian Marrugo, Iván “El Champeta” Velásquez, José Nájera y Wilmar Barrios.
“Aquí nació buena parte del fútbol popular cartagenero. Chambacú fue escuela, punto de encuentro y escenario de sueños para generaciones enteras”, afirmó Alfaro.
Sin embargo, la importancia histórica de Chambacú va mucho más allá del deporte. Para numerosos cartageneros, el territorio representa una memoria emocional ligada a la solidaridad comunitaria, al esfuerzo colectivo y a la capacidad de resistencia de las comunidades afrodescendientes que ayudaron a construir la identidad cultural de Cartagena.
Durante décadas, Chambacú fue retratado en canciones, relatos populares y conversaciones familiares como un símbolo de la Cartagena que sobrevivía desde la periferia, pero que al mismo tiempo alimentaba el alma cultural de la ciudad.
Hoy, mientras la ciudad avanza hacia nuevas transformaciones urbanas, la memoria de Chambacú sigue viva en quienes crecieron jugando en sus canchas, bailando en sus calles o construyendo comunidad en medio de las dificultades.



