Anoche sentí una gran complacencia en la gala de entrega del Premio de Periodismo Mariscal Sucre, un reconocimiento que distingue los mejores trabajos periodísticos y no, como suelen decir algunos presentadores, a “los mejores periodistas”.
Sucre y Sincelejo son de los pocos territorios que reconocen de manera especial el trabajo cotidiano de los periodistas. Esta iniciativa, propuesta por el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), seccional Sucre, y respaldada por la Asamblea y la Gobernación de Sucre, ha ido madurando con los años hasta convertirse en un verdadero estímulo para quienes ejercen este oficio.
Cada año aumenta la participación y, con ella, la calidad de los trabajos presentados. En esta edición se recibieron 52 trabajos, muchos de ellos con un alto nivel de investigación, excelente narrativa y un evidente compromiso con el periodismo.
También hay que destacar la labor del eterno presidente del CNP, Manuel Morón Arrieta, y de su camarada Gabriel Narváez, por su empoderamiento y su lucha para que este evento alcance el reconocimiento que merece. Lo han conseguido, y así lo demuestra la creciente convocatoria y, especialmente, la participación de los jóvenes periodistas, quienes este año tuvieron una presencia significativa.
Lo más difícil para los jurados debió ser escoger a los ganadores. Muchos de los trabajos presentados tenían méritos suficientes para recibir el reconocimiento. A ello se suma la calidad de un jurado de primer nivel, que tuvo la responsabilidad de valorar cada propuesta con rigor.

En Colombia existen otros reconocimientos importantes, como el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, que goza de gran prestigio y reconocimiento nacional. Sin embargo, el Premio de Periodismo Mariscal Sucre tiene una particularidad que merece destacarse: además del emblema que reciben los ganadores, contempla un estímulo económico que, indiscutiblemente, representa una ayuda para las familias de los periodistas en estos tiempos de dificultades para el ejercicio de la profesión.
También está quedando en evidencia el trabajo de las universidades que forman comunicadores y periodistas brillantes. Detrás de muchos de estos trabajos hay jóvenes que estudian, investigan y entienden que el periodismo exige preparación, cultura y compromiso.
A pesar de las dificultades que enfrenta la profesión, puede decirse que Sucre tiene una caterva de periodistas que estudian, investigan y se preparan. Hay periodistas cultos, inquietos y comprometidos con contar lo que ocurre en su territorio.
A Manuel Morón, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, hay que agradecerle cómo se ha ido apropiando de su liderazgo y cómo ha sabido despojarse de errores del pasado para asumir con mayor responsabilidad la conducción del gremio.
Ojalá los colegas Manuel Morón y Gabriel Narváez continúen con esta misma lucha y perseverancia, por el bien del periodismo nuestro.
