- (*) Por: Mauricio Herrera Piñeres, Ph.D., P.Eng.
El esquema de drenaje pluvial planteado para mitigar las inundaciones en Bocagrande y Castillogrande genera inquietudes para la ingeniería de Cartagena: ¿es sostenible a largo plazo una solución que prescinde casi por completo de la evacuación por gravedad en momentos críticos y traslada la mayor parte de su efectividad a un sistema de bombeo? De acuerdo con el diseño del Consorcio Protección Cartagena, el sistema subterráneo contempla más de 5,4 kilómetros de tuberías de fibra de vidrio de 1,5 metros de diámetro, concebidas primordialmente como un “tanque tormenta” de almacenamiento y no como conductos de transporte a flujo libre hacia la bahía.
Estas tuberías se están instalando por debajo del nivel del mar, con lo cual surge una primera duda de fondo: ante una eventual falla de las estaciones de bombeo, ¿cómo se evacuará el agua? El balance de volúmenes plantea preguntas más severas sobre la resiliencia y redundancia de la infraestructura. Los estudios señalan que, ante una tormenta de diseño de una hora, la cuenca urbana genera más de 30.130 metros cúbicos (m³) de escorrentía.
Dado que los ductos subterráneos solo tienen capacidad para retener cerca de 9.730 m³ (un 32,3 % del volumen total), el sistema está obligado a desalojar simultáneamente el excedente —más de 20.400 m³— mediante cuatro estaciones de bombeo proyectadas en el Parque Navas, Coral Gables, La Concha y el Club Naval. Frente a esta dependencia mecánica, ¿qué contingencias reales existen si una estación falla?
El sistema presenta una asimetría importante, dado que la cuenca asociada a la estación de La Concha (Bomba 3) drena 26,7 hectáreas y concentra más de 13.900 m³ de lluvia, pero sus tuberías locales solo pueden almacenar unos 3.060 m³. Si bien es cierto que las tuberías del sistema están interconectadas y permitirán una redistribución del agua para ser atendida por las otras estaciones de bombeo, ¿podrá moverse el agua lo suficientemente rápido a través de las tuberías antes de rebosarse en las calles?
Si esa estación sufre una falla eléctrica o mecánica, un bloqueo de sensores o un atascamiento, ¿a dónde irán los más de 5.000 m³ de agua que no podrán ser bombeados, sabiendo que no tienen salida por gravedad hacia el mar? Los interrogantes aumentan al examinar los criterios hidrológicos. El dimensionamiento de los tanques de almacenamiento y las estaciones de bombeo se estructuró para una lluvia concentrada de una hora de duración y un período de retorno de 10 años.
¿Es suficiente este criterio para una zona de tan alta densidad e inversión inmobiliaria, o debió evaluarse una recurrencia mayor (25 o 50 años) y eventos de precipitación extendida de dos o más horas, donde los volúmenes de escorrentía superarían los 40.000 o 50.000 m³?
Ante lluvias prolongadas, ¿cuántos miles de metros cúbicos terminarán inevitablemente rebosándose por las rejillas hacia calles, andenes, sótanos y parqueaderos subterráneos? Por último, surge una preocupación sanitaria. Al quedar confinados volúmenes de agua pluvial en las tuberías bajo tierra, ¿cuáles son los protocolos para evacuar y evitar estancamientos?
En Cartagena, el agua estancada durante más de cuatro o cinco días es un criadero potencial de mosquitos, vectores de dengue o chikunguña. La promesa oficial de la administración de Dumek Turbay de que estas obras eliminarán de forma definitiva las inundaciones en Bocagrande y Castillogrande contrasta con las limitaciones que imponen los propios números del diseño.
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Más allá de los anuncios institucionales, la verdadera efectividad del sistema se medirá en su capacidad de respuesta operativa durante los aguaceros más intensos. Hasta que no se demuestre esa confiabilidad en campo y se garantice el presupuesto para su mantenimiento continuo, dar por resuelto el problema de las inundaciones es, cuando menos, prematuro.
(*) Ingeniero civil, doctor en Recursos Hídricos y titular de una licencia de ingeniero profesional en Canadá. Consultor e investigador especializado en manejo de aguas y modelaciones hidrológicas e hidráulicas, con más de 20 años de experiencia.



