- Por: Check-in Caribe | Sátira Política
Por estos días, en Cartagena de Indias, cualquier movimiento de un político empieza a generar preguntas. Y si el movimiento ocurre en el mercado de Bazurto, con cámaras, fogones, matronas y champeta de por medio, las preguntas se multiplican.
“Yoyito” Benedetti salió de lo que, en el imaginario popular, suele asociarse con su zona de confort en Castillogrande pero no para irse al Chicó, en Bogotá, a pasar otros buenos días, como alguno podría imaginar. No. Se fue para Bazurto.
Y allá apareció, entre el calor, los puestos de comida y las aguas empozadas del mercado, con jeans y camiseta, en una escena que rápidamente empezó a circular y que, como era de esperarse, despertó toda clase de comentarios políticos.
Jorge “El Yoyo” Benedetti Martelo, ex senador de la República, llegó a este territorio de la otra Cartagena acompañado de cámaras. Y aquí comienza la película. Porque una cosa es ir a Bazurto a comprar pescado, comer un arroz de mariscos o hacer mercado y otra, muy distinta, es aparecer allí en medio de una puesta en escena cuidadosamente registrada por cámaras. ¿Y qué fue a buscar el Yoyo?
La respuesta oficial, si la hay, seguramente tendrá que ver con gastronomía, cultura popular, cercanía con la gente y esas cosas que suelen descubrir los políticos cuando se aproximan los tiempos electorales. Por ahora, eso es materia de conjeturas.
Lo que sí quedó registrado es que comió en una zona del mercado donde se ofrecen arroces de jaiba y camarones, salpicón de tollo, mojarra frita con yuca y agua de panela para ayudar a pasar el torugo.
Uno hasta podría pensar que llevó Gastrofast para después de semejante banquete, no fuera a ser que tanta comida le pasara factura al delicado estómago de un hombre acostumbrado, según la caricatura que se ha construido alrededor de ciertos sectores de la política cartagenera, a escenarios bastante más cómodos.
Pero el asunto no terminó en la mesa. También hubo abrazos con las matronas, fotografías, sonrisas y, como manda el libreto caribeño cuando se visita un barrio popular, apareció la champeta y «El Yoyo» bailó. Digamos que bailó. Con unos pases que parecían venir directamente de un club social bogotano, pero bailó.
Y aquí conviene hacer una precisión: todo esto pertenece al terreno de la sátira y de la lectura política que provoca la escena. Nadie puede saber, solamente por unas fotografías o por una visita a un mercado, cuáles son las verdaderas intenciones de un dirigente político. Pero en política las imágenes también hablan.
Y cuando un ex senador aparece comiendo en los fogones de Bazurto, abrazando a las matronas, bailando champeta y dejándose fotografiar en una jornada que parece pensada para mostrar cercanía con sectores populares, resulta inevitable que alguien pregunte: Mamá, ¿Qué será lo que quiere “El Yoyo”?
Por ahora, hay rumores, comentarios y mucha imaginación política. Lo cierto es que, si pretende comenzar a cambiar la imagen que algunos tienen de él, tendrá que sudar un poquito más la camiseta.
Porque una visita a Bazurto no convierte automáticamente a nadie en hombre de pueblo. Bazurto no se conquista con una fotografía. Ni con una camisa de manga corta. Ni con un baile de champeta. Ni con una cámara. Bazurto se vive.
Y ahí está precisamente el desafío para cualquier político que quiera construir una imagen de cercanía: volver, caminar, escuchar, regresar cuando no haya cámaras y demostrar que la visita no fue simplemente una parada dentro de una agenda.
Por eso la pregunta sigue abierta. ¿Lo de Bazurto fue una simple visita gastronómica? ¿Fue una actividad social? ¿Fue una estrategia de comunicación? ¿O fue, como algunos empiezan a especular, una primera zambullida en las aguas de la política local?
Porque cuando un ex congresista se mete al mercado público, come en los fogones, se fotografía con las matronas, intenta bailar champeta y aparece rodeado de cámaras, las conjeturas empiezan solas. Y entonces surge otra pregunta: ¿Le suena el Palacio de la Aduana?
De pronto más adelante lo veremos en Nelson Mandela comiendo sancocho de leña; en Olaya degustando empanadas de papa con carne molida; en La Esperanza, con bollo con queso; o quién sabe si aprendiendo a bailar champeta sin que parezca que está cumpliendo una tarea de campaña.
Por ahora, la función comenzó en Bazurto. “El Yoyo” se bajó del imaginario de los rooftops para pisar el pavimento caliente del mercado. ¿Tiene pueblo? Eso no lo decide una fotografía y será el tiempo, mucho más que cualquier sesión de fotos, el que termine diciendo si aquello fue una visita de un día o el comienzo de una nueva etapa política.

