En la Brigada de Infantería de Marina No. 1 de la Armada de Colombia, un emotivo episodio marcó el cierre de un ciclo para Simón, un noble perro de raza Golden Retriever que durante más de nueve años desempeñó un papel crucial como canino antiexplosivos en las operaciones de los Grupos de Explosivos y Desminado – EXDE.
Simón, parte de la distinguida cohorte de 80 caninos antiexplosivos de la Armada de Colombia, 46 dedicados a la detección de narcóticos, cinco especializados en rastro operacional naval y uno habilidoso en agility, (modalidad competitiva donde un guía dirige a un perro sobre una serie de obstáculos, compitiendo contra reloj).
Entregó su lealtad y habilidades al servicio del país desde el año 2015. Su arduo entrenamiento lo llevó a convertirse en un experto en la detección de sustancias explosivas, participando en operaciones que lo llevaron a los rincones más remotos y desafiantes de la geografía colombiana.
Entre los momentos más destacados de su carrera se encuentra su intervención en 2017, cuando, en el municipio de San José del Guaviare, descubrió y neutralizó cinco artefactos explosivos ubicados en una vía crucial para campesinos e integrantes de la Fuerza Pública, evitando así una tragedia inminente.

No obstante, la verdadera prueba de su valentía ocurrió en 2020, durante una operación en el departamento de Arauca. Simón, mientras guiaba a las tropas, fue impactado por una explosión destinada a las fuerzas militares. Aunque resultó herido, su acción heroica salvó las vidas de sus compañeros humanos. Después de recibir atención médica y una amputación en su pata trasera izquierda, Simón demostró una admirable resiliencia al regresar al servicio activo, disfrutando cada momento como si fuera un juego, a pesar de las limitaciones en su movilidad.
Ahora, cerca de cumplir la edad máxima de servicio, Simón se retira con honores y pasa al merecido «buen retiro». Su nuevo hogar lo espera con los brazos abiertos en el municipio de San Antero, Córdoba, donde el Infante de Marina Profesional Alexander Jiménez Betancur, su guía durante gran parte de su carrera militar, lo acoge con cariño y determinación. Jiménez, con once años de servicio en la Armada de Colombia, asegura que Simón no pasará sus últimos años en un refugio, sino que disfrutará de su merecido descanso y atención personalizada.
En San Antero, Simón vive ahora entre risas, juegos y el amor incondicional de la familia de Jiménez, especialmente de sus tres sobrinos y los niños vecinos que lo cuidan y lo hacen feliz. Después de servir con honor y sacrificio a la Patria, Simón disfruta de su merecido descanso, sintiendo la brisa en su rostro durante los paseos en moto que le ofrece su guía y gozando de soleados días en la playa.
La Armada de Colombia agradece a Simón por sus nueve años de servicio, protegiendo a los colombianos, y reafirma su compromiso con el cuidado de estos valientes tripulantes de cuatro patas que dedican sus vidas al servicio de la Patria. Con Simón, la institución celebra no solo un compañero leal sino un símbolo de valentía y lealtad.

