La industrialización de la producción de alimentos tiene sin duda un rol fundamental frente al reto del desmedido crecimiento poblacional global. Sin embargo, en su afán por producir alimentos con mayor eficiencia, se han privilegiado variedades de semillas que no necesariamente son las más saludables, en detrimento de variedades silvestres cuya producción no brinda la misma eficiencia pero que son más nutritivas y adaptables.
Según la Organización para los Alimentos y la Agricultura de las Naciones Unidas FAO, en el último siglo se han perdido tres cuartas partes de las variedades de cultivos.
En los supermercados alemanes es habitual encontrar seis variedades de manzana de larga duración. Pero el país cuenta con unas 2.000 variedades regionales. Los alérgicos suelen tolerar mejor las variedades silvestres, probablemente porque contienen altos niveles de polifenol. Este micronutriente es indeseable en las manzanas del supermercado porque provoca manchas marrones al cortar la fruta.
La variedad de tomates es enorme. Ya sean rojos, amarillos, negros o verdes, las variedades modernas son duraderas y robustas pero su sabor suele ser insípido. Un estudio de 2017 publicado en la revista “Science” demostró que las variedades silvestres muestran mejores propiedades de sabor que las modernas. El paladar salió perdiendo en la búsqueda de tomates más grandes y resistentes.
La papa Bamberg es oblonga, la Emmalie es roja y la Crepúsculo maya tiene la piel moteada. El cultivo moderno se basa en un pequeño número de variedades que prometen grandes rendimientos y son fáciles de cultivar. La mayoría de las 200 variedades de papas autorizadas en Alemania son relativamente nuevas. En Francia, sin embargo, la variedad Ratte, de 130 años de antigüedad, sigue siendo la más popular.
Cerca de la mitad de la ingesta diaria de calorías del mundo procede de tres cultivos: maíz, trigo y arroz. Las semillas comerciales permiten altos rendimientos, pero un aumento de la cantidad no significa un aumento de la calidad. Los estudios muestran una menor concentración de minerales en variedades de alto rendimiento. Variedades más antiguas de maíz tienen más magnesio, potasio y luteína.
Una mayor concentración de ciertos elementos puede generar intolerancia al gluten por comer trigo. “El gluten otorga elasticidad al pan. El contenido de gluten en las variedades modernas es aveces 10 veces mayor que en las variedades silvestres”, explica Emile Frison, experto en conservación y biodiversidad agrícola del Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles.
Las especies primitivas de trigo también contienen gluten. Los celíacos tienen que evitar los granos antiguos como el farro, la escanda y el kamut. Pero suelen ser mejor tolerados por las personas sensibles al gluten, y la escanda tiene mucha vitamina A y el kamut mucho magnesio. Todos los granos antiguos tienen un mayor contenido en proteínas que el trigo moderno, pero su rendimiento es menor.
En los años 70, R. H. Richharia, investigador, registró 19.000 especies de arroz en la región que rodea la ciudad Raipur, India. Hoy en día se cultivan 6.000 tipos de arroz en todo el país. Durante la “revolución verde”, India empezó a depender de unos pocos cultivos de alto rendimiento. Las variedades más antiguas contienen más minerales y vitaminas y se adaptan mejor a las condiciones locales.
Es necesario mantener el equilibrio entre las variedades eficientes que permiten obtener mayores cantidades de alimentos y las especies silvestres que no sólo saben mejor, sino que son más nutritivas y saludables.
Adaptado de Deutsche Welle / Global Ideas



