En América y demás continentes, existen cuantiosas fábulas sobre duendes, relacionadas con los bosques, el hogar y el mundo subterráneo, que mezcladas con leyendas europeas, han dado lugar a nuevos mitos.
Durante los siglos del XV al XVII, estos pequeños demonios (así fueron conjeturados), no formaban parte de la tradición cristiana. El pagano imperio romano les atribuyó poderes sobrenaturales que propagó, y una personalidad bromista y marrullera, que les culpaba de daños de todo tipo dentro del entorno doméstico rural.
Existe en la literatura, variantes de duendes en el folklor mundial, que reciben diversos nombres según el país. Su presencia es habitual en la literatura escandinava. (Cuentos de Hans Chistian Andersen).
En Centroamérica, y el Caribe, se les conoce como gnomos o enanos. Una mezcla del duende europeo, con las condiciones protectoras de las creencias indígenas. Suelen asociarse con seres bonachones, que castigan a las personas deshonestas.
En el folklor mexicano, Los aluxes son un tipo de duende que atrae la lluvia y protege los campos. Vivían en casas llamadas kahtal alux, construidas por los agricultores.
España, es rica en cuentos y leyendas sobre diversos tipos de duendes: martinicos, diaños, trasgos, gnomos, encantadas, hadas y elfos. Los martinicos, emparentados con los bestiones de la Edad Media fueron grabados en algunos caprichos de Goya.
La primera mención de un elfo en la literatura española se hace en el Cantar del mío Cid, cuando se habla de los caños de Elfa o la cueva de Elfa.
Según la mitología celta británica, el rey de los duendes y elfos responde al nombre de Lord Oberón, y aparece en obras del poeta inglés William Shakespeare o en el Fausto de Goethe.
Los términos goblin (duende) y orco, se emplean como sinónimos en la trilogía de El señor de los anillos, así como en El hobbit de Tolkien.
Estas leyendas tan enraizadas en las islas británicas, se fundamentaron en la existencia de pueblos humanos de pequeña estatura y antiquísimos que habitarían en cuevas o subterráneos de dichas islas y que se ocultaron en la oscuridad, ante la llegada de pueblos más civilizados. Lo aprueba el reciente descubrimiento del hombre de flores y el tan conocido pueblo pigmeo africano.
En La imagen del mundo (C.S. Lewis en su ensayo 1964) cuenta que cuando Lucifer se levantó contra Dios, no se pusieron de parte de este ni de aquel. Estos seres circularían entonces, por debajo de la órbita lunar. Algunos caerían a la tierra y habitarían en cuevas y subterráneos.
Según la tradición irlandesa, San Patricio invitó a los celtas paganos a convertirse al cristianismo tras haber fundado su iglesia. Cuando la fe cristiana comenzó a ganar adeptos, los druidas (clase sacerdotal), imploraron una tropa de duendes para molestar al santo y a los apostatas cristianos. Ante el irrespeto a los feligreses y desmanes de los duendes, San Patricio les dijo: «En nombre de Dios Todopoderoso yo los expulso, espíritus impuros». Fue así como San Patricio desterró a los duendes de la iglesia. Su imagen es utilizada para celebrar exorcismos de duendes y protegerse contra ellos. No toleran la efigie del hombre que los desterró de la iglesia.
En la literatura fantástica de terror histórica, se convierten en malvados dejando de lado el modelo bondadoso que expresan los cuentos para niños.

