Hay realidades que se desmarcan del deseo íntimo de hacer entender a quienes critican fuera de sus fronteras la situación del país donde nací, que es el mejor del mundo, ante personas enteradas de la situación internacional.
Cuando me refiero a ese largo pergamino de cosas maravillosas que no solo los colombianos conocemos, lo hablo con orgullo. Al instante, este comentario se vuelve insignificante, ante la crueldad que nos trasmiten los periódicos que recogen los sucesos ocurridos a diario, en los diferentes departamentos del país. Es difícil hablar de paz, cuando el narcotráfico, la violencia y la desidia, se han recrudecido.
Soy un pequeño grano de café que desde otro lugar del mundo pretende con ayuda del positivismo, aferrarse a la idea de que las cosas darán un vuelco, que los gobernantes prenderán sus linternas cerebrales y dejaran el egoísmo y la pasividad de lado, para empezar a manejar las riendas de un tesoro natural, que ellos (todos), han gestionado fatal.
No hay derecho a que se siga incumpliendo el artículo 44 de la Constitución colombiana, que exige la protección de los menores que a diario se están violando con la complicidad o el desamparo por omisión, de los que están obligados a dar ejemplo desde sus escaños o puestos importantes.
¿Qué explicación dan el actual Presidente y demás mandamases, sobre esta insoportable situación? ¿Las masacres y violaciones cometidas por policías y miembros de las fuerzas armadas, a niños, niñas, jóvenes, indígenas, líderes sociales, defensores de los derechos humanos, madres, padres, etcétera, retenidos durante días y sometidos a violaciones y vejaciones por dichos grupos que admiten ser la autoridad, no adquieren en su ego de potestad política, la importancia moral que se requeriría? ¿Vale más su preocupación por el dinero, los paraísos fiscales, y la posición social, llevada a la ridiculez, de quienes, entre otras cosas, cargan con una enorme mochila de desprestigio mundial? ¿Qué esperan de la delincuencia común?
Habría que implantar medidas reales, necesarias y eficaces, que protejan la vida y derechos de todos sin excepción, con el deseo único de acabar con el surgimiento de estas bandas conformadas por ex paramilitares, exguerrilleros y demás bandas criminales qué surgen a diario.
El recrudecimiento de la violencia nos retrocede una vez más, a la guerra cruenta de hace siglos, que nos regaló momentos de crueldad insuperables. Creo que la NO voluntad del Presidente Duque de dar cumplimiento a los acuerdos de paz, es un retroceso, además de un latigazo al deseo de millones de colombianos que siguen esperando la reconstrucción de la paz. Este nuevo acuerdo fue ratificado el 29 y 30 de noviembre de 2016, por el Senado y la Cámara de Representantes ¿Qué impedimento tiene atrancado este proceso?
Aunque es un asunto delicado y difícil, creo que tendría que empezar el Gobierno actual, por cumplir dicho acuerdo llevado a cabo entre el entonces Presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo (FARC-EP) y todos los mandatos constitucionales, ya que a estos grupos también se les destruye con la fuerza de la palabra, no de la desfachatez y la prepotencia, marcada en la frente. Al paso dado por Santos, tendrían que darle salida, para terminar con el permanente fenómeno delincuencial colombiano.

