Cuando emprendemos un viaje, podemos hacer los mejores preparativos, tener el mejor equipaje, el más confortable vehículo, disponer de recursos y por ultimo separar el tiempo suficiente para ello. Pero nada de esto tendría sentido si no tenemos un lugar definido a donde ir.
Alguien podría decir que salir de esta forma es como darle un sentido de aventura a nuestra vida. Esto en parte puede ser verdad. Creo que funciona solo para periodos muy cortos o cuando pensamos en vacaciones y en disfrutar tiempos de recreación y esparcimiento. Pero cuando asumimos responsablemente la jornada de nuestra vida, las cosas debemos manejarlas de manera muy diferente.
En términos del ejercicio de nuestro liderazgo, diríamos que se requiere tener una visión clara, un cuadro completo y definido hacia donde nos queremos dirigir y además hacerlo conjuntamente con otros.
Tener una visión, en tu proyecto personal de vida, tu familia o tu empresa es esencial, solo así podremos mantenernos firmes y sin fluctuar cuando aparezcan las encrucijadas propias de la vida. En nuestro camino es normal que aparezcan obstáculos que nos pueden desviar, detener o incluso que nos hacen retroceder, pero cuando tenemos una visión, podemos aprovechar el conjunto de todas las situaciones que vamos enfrentando, para buscar las mejores opciones y así llegar felizmente a nuestro destino.
Si carecemos de una visión, es posible que nos veamos caminando en múltiples direcciones, sin poder llegar a algún lugar específico.
Sabemos por tanto que no tener visión, es deambular por la vida, sin rumbo alguno. Sin un sentido de misión y de propósito. La pregunta entonces es: ¿Cuál es la Visión que tengo para mi vida, mi familia, mi empresa, mi país, mi mundo?
Detenernos y contemplar lo que somos los seres humanos, nos debe hacer conscientes, que no estamos aquí, únicamente para crecer, madurar, envejecer, morir y luego desaparecer. Aun con las limitaciones y desventajas que podamos tener, todos poseemos un maravilloso potencial, que debe ser reconocido y aceptado primeramente por nosotros mismos y que debe ser luego formado, administrado y maximizado.
A lo largo de la historia, siempre ha habido maravillosos ejemplos de personas que entendieron esta verdad y asumieron un compromiso con la vida, con los demás y con ella mismas. El desafío de caminar con un sentido de dirección, de misión y de propósito, hasta alcanzar la visión, el gran objetivo o dicho de mejor forma, la realidad que soñaron.
No todos adquirimos una visión de una misma manera, pero normalmente son las circunstancias que acompañaron nuestro proceso de formación, sumado al enorme potencial de recursos, dones, habilidades y talentos que tenemos, además de que inevitablemente somos expuestos a los contrastes propios de la vida, las desigualdades sociales y las injusticias que típicamente ocurren en el escenario de los seres humanos, lo que seguramente influirá en despertar una pasión suficiente para que asumamos un papel protagónico y procuremos dejar un legado, y hacer en lo que dependa de nosotros que este mundo sea un mejor lugar para vivir. Es un enorme desafío, pero tal vez así podamos tener una visión menos fatalista de nuestro futuro.



