Desde tiempos remotos, la hoja de coca ha sido un producto relacionado con la medicina. Su uso mediante la masticación, se conoce un par de milenios antes de Cristo.
A finales del siglo XIX y mediados del XX, la coca fue cultivada de manera legal en varios países para tales fines, ya que posee propiedades terapéuticas, anestésicas, proteínas, vitaminas D y K, calcio, minerales y fósforo etc.
En su composición interna, posee sustancias conocidas como alcaloides, que pueden ser convertidas en estupefaciente. Debido a sus componentes, es una opción para curar diversas enfermedades.
En la época prehispánica, tenía carácter sagrado y la utilizaban los chamanes andinos en sus ceremonias de curación, los indígenas en sus ritos, y en no poca medida, el resto de la población, para uso casero. En la actualidad, la mayoría de comunidades ya no realizan ritos tradicionales, debido al mal uso que se le ha dado.
Las industrias farmacéuticas europeas, a principios del siglo XX, importaban las hojas de Coca o la pasta básica (Cocaína bruta), desde sus colonias: Malasia, India (sur), Sri Lanka e Indonesia, considerada el mayor exportador. En Taiwán, fue cultivada por los japoneses. En Perú y Bolivia, hubo enormes cultivos que proveyeron de mambe (polvo que se obtiene de tostar, moler y cernir las hojas de coca), al norte de Argentina y Chile. En Puerto Rico y otras ciudades o pueblos, la DEA desarrolló cultivos pilotos.
Colombia, por consiguiente, no fue el país que dio el primer paso para la producción de Coca, ya que es un producto que se puede cultivar en zonas húmedas tropicales. Muchos de los países que cultivaron coca, y produjeron pasta básica, podrían refinar la cocaína, ya que cuentan con los recursos tecnológicos necesarios para hacerlo, pero no lo hacen.
Por el contrario, Colombia, que se mantuvo alejada de la exportación de hojas de coca cuando fue legal, torció el camino y lleva más de 50 años apresada por los narcos y agalludos de guante blanco, que les facilitaron la entrada triunfal.
Si en Colombia seguimos basándonos en la demanda mundial, como justificación para no acabar con esta mafia, estamos evidenciando la falta de autoridad de los diferentes gobiernos incapaces de ver la bondad de esta planta y los beneficios medicinales y económicos, permitiendo a los narcos dar grandes zancadas en beneficio propio.
Plegándose ante el poder económico de los grandes capos, estos han ido adquiriendo confianza y autoridad, dentro de las instituciones gubernativas. Países con condiciones climáticas similares, no la producen o lo hacen con otros fines. En Colombia prima lo ilegal, que trae más beneficios económicos, pero deteriora la imagen del país a nivel internacional.
“La ambición rompe el saco”, es un dicho popular que se podría aplicar a lo que está sucediendo desde los años sesenta en Colombia, en relación con la Coca, los cocaleros y los narcos. Por desgracia, la ambición cogió pista y al ganarle la delantera a los gobernantes, es difícil ponerle tatequieto a este negocio.
Por otra parte, los cultivos de coca se convirtieron en la única fuente de ingreso para el sustento familiar de muchas comunidades agrícolas, que se quejan abiertamente del uso inadecuado de herbicidas potentes, que perjudican la salud de los cocaleros, y en gran medida el medio ambiente.

