Es de todos sabido, que en Colombia se mata por matar. Es el desayuno de cada día para muchos desnaturalizados, que llevados por el ansia de desaparecer a alguien, agotan su sed de sangre a punta de plomo. Otros, por robar para comer y otros, por la pereza de ir a trabajar y ganar poco, después de una ardua tarea de trabajo físico. En este caso, no estoy en el plan de justificadora, la sangre me hierve, pero sería la manera de juzgar un suceso inequívocamente salvaje, de forma menos cruel en el país al que me unen lazos de amor imborrables.
Hablando en plata blanca, solucionamos el diario vivir de forma fácil. Hemos perdido los principios y todo vale en un país sin ley, administrado por políticos deshonestos, solo amantes del dinero fácil.
Si este tipo de acontecimientos se produjera de vez en cuando, podríamos decir que en el mundo hay de todo y que Colombia también posee esa clase de elementos que irrespetan la vida, que les da igual la muerte y el dolor que prenden en el corazón de familiares y amigos de las víctimas. Que es un hecho aislado. Pero no, los mandatarios no son un buen ejemplo, solo piensan en los suyos y en gozar del bienestar que les brinda lo mangado. El resto, que se apañe como pueda, y lo hacen por costumbre o por un odio patrimonial que brota sin ninguna razón aparente. Se podría decir, que tienen permiso para matar. De lo contrario, estarían refundidos de por vida en una cárcel de máxima seguridad.
Aunque no es el momento de entrar en política, no paro de hacerme preguntas: ¿por qué hemos llegado a tanto, que mentes degeneradas, sin criterio político nos han gobernado hasta ahora? Acaso no hay un lugar de Colombia en el que estemos a salvo… creo que ha llegado la hora de replantearnos en serio el cambio, siempre teniendo en cuenta que semejante desbarajuste, no se arreglaría en un abrir y cerrar de ojos, pero si se avanzaría. Deberíamos pensar en ello.
Este doloroso suceso, además de llenarnos de dolor y deseos de salir corriendo, debería (sin rencor), abrirnos los ojos, para ver más allá de las barreras sociales y políticas, que son las que impiden el despertar de la mente, el avance interior que nos debe obligar a desprendernos del yugo opresor de los diferentes gobiernos que han desprestigiado y abusado de un país inmensamente rico y con grandes posibilidades para ser de los más desarrollados de Latinoamérica, pero que hoy en día está considerado la Cloaca de América Latina, del que todos hablan con horror.
Ayer fue Alina Taboada Olmos, en Corozal (Sucre), una mujer a quien todos apreciaban y querían, un ser incapaz de dañar a nadie, que se topó de frente con habituales delincuentes amparados por la desidia de un mal gobierno y el valor que dan las armas. Un abrazo fraterno a toda la familia.

