Este domingo 29 de octubre de 2023, Colombia tiene una cita histórica con la Democracia. El creyente debe tener una posición bíblica antes de ejercer su derecho al voto, es decir, debe tener en su interior el deseo de que el candidato o candidata que sea elegido tenga en cuenta los valores de la doctrina social de la Iglesia inspirados en la Palabra de Dios y gobierne con la intención de ayudar al pueblo y de no robarlo, de perseguirlo o de impulsar leyes inmorales contrarias a la voluntad de Dios.
Entonces, a partir de ese espíritu en el que el creyente desea que el hombre que gobernará la ciudad, la región o el país lo haga en el temor del Señor deberá investigar cosas importantes de los candidatos: ¿Quiénes son los candidatos? ¿Cuáles son los favoritos? ¿A qué partido pertenece cada candidato? ¿Cuáles son los valores del partido? ¿Qué políticas promueve el candidato? ¿Con qué está de acuerdo a la palabra de Dios y con qué no? ¿Si el candidato apoya la vida desde su concepción y muerte natural o al contrario apoya el aborto, la eutanasia, la pena de muerte, la guerra o el terrorismo como herramienta para imponer su agenda ideológica? ¿Cuál es su posición respecto al matrimonio igualitario? ¿Qué piensa de la Iglesia? ¿Qué piensa de la libertad de culto?
Estas preguntas aclararán las posibilidades de elección, podría ser interesante hacer una lista de pros y contras de todos los candidatos que cada uno está considerando. Sin embargo, debe ser muy claro para el creyente que ninguno es perfecto.
Elegir un candidato no es para nada fácil, sobre todo en medio de la profunda crisis socio-política y de corrupción que viven nuestros países latinoamericanos y sus instituciones, y nuestra amada patria no escapa a este flagelo. Sin embargo, el creyente está llamado a ser luz en medio de tanta oscuridad, debe votar en consciencia, sin presión y sin venderse al mejor postor. Entonces, el creyente debe pedir sabiduría al Señor, elegir y apoyar al candidato que mejor se adapte a los principios y valores del evangelio en sus programas electorales.
Como católicos, somos llamados a llevar los valores del Evangelio y las enseñanzas de nuestra Iglesia en nuestra vida pública. Como ciudadanos de Colombia, tenemos el deber de participar en el encuadre político, en el debate de cuestiones públicas y en la selección de aquéllos que ocupan posiciones de liderazgo cívico. Esta doble responsabilidad a la fe y la ciudadanía, está al centro de lo que significa ser católico en una nación libre y democrática.
La Enseñanza Social Católica es una fuente valiosa al equiparnos con los medios necesarios para formar nuestra conciencia de una manera apropiada para tratar las preguntas políticas y sociales y evaluar a los candidatos y sus plataformas. Una conciencia bien formada ayudará a guiarnos a tomar nuestras decisiones y asegurar nuestras acciones; ayuda a construir una sociedad que sea más respetuosa de la vida y la dignidad humanas y más conocedora de la obligación cristiana de buscar la paz y la justicia.
El candidato o candidata que compra votos o el votante que vende su consciencia e incita a otros a hacer lo mismo es corrupto y por lo tal comete un pecado grave que lo aleja de la gracia de Dios. Pongamos este proceso en las manos de Dios y bajo la protección de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá para que sea un proceso limpio, trasparente y que se desarrolle en paz.

