Es inexorable que los pueblos no pueden olvidar jamás su historia, ya que su Memoria Histórica, es un compendio de sucesos acumulados que les sirve de experiencia para corregir el pasado oscuro y maloliente o cultivarlo con nuevas vicisitudes para el bienestar de la humanidad.
Pero todo no es tragedia o sinsabores, también es recordar acontecimientos de la cultura, bailes populares, fiestas, costumbres, tipos de comida, oficios varios, remedios caseros, moda y formas de vestir, todo encerrado en recordar el patrimonio sociocultural de nuestros antepasados, ya que un pueblo sin memoria está irremediablemente condenado al olvido por su pérdida de identidad.
Rebuscando sucesos de tiempos pasados encontramos historias dolorosas que han sido llevadas a libros y películas en innumerables oportunidades y una de ellas es la que dan a conocer con relación a los miles de nazis que huyeron tras la caída del Tercer Reich a través de un sofisticado y apropiado termino en inglés llamado “ratlines”, de significado “líneas de ratas” o “rutas de las ratas”.
Pues bien, el termino fue adaptado como sinónimo de «última vía de escape», utilizado por los nazis, cuando la definición tiene que ver con el desfile de roedores, escarbando bajo tierra en búsqueda de una nueva guarida al huir de diferentes ataques tales como inundaciones, terremotos, o del uso de plaguicidas para eliminar los asquerosos bichos.
El mundo se estremeció al saber que miles de criminales militares y civiles de la guerra que idearon y ejecutaron los campos de exterminio nazis como Treblinka, Auschwitz-Birkenau, Sobibor, Belzec, Chelmno (Kulmhof), Majdanek, donde asesinaron en masa con gas o fusilamiento a millones de judíos, escaparan puniblemente hacia Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Medio Oriente, pero especialmente a América del Sur con la ayuda de miembros de la Cruz Roja y la Iglesia Católica en cabeza del Papa Pío XII en las llamadas «ruta vaticana» o «ruta de los monasterios», conjuntamente con las «ruta nórdica» y «ruta ibérica«.
Lo que hoy se recuerda, es que esos escapes no hubiesen tenido éxito sin la colaboración, a veces involuntaria, otras voluntarias, de las ya mencionadas instituciones internacionales con mayor credibilidad en cuanto a la ayuda humanitaria, la Iglesia Católica con las mencionadas «ruta vaticana» o «ruta de los monasterios» y la Cruz Roja, entregando pasaportes falsos con nueva identidad, con nombres falsos, a monstruos de la talla de Josef Mengele, Adolf Eichmann, Franz Stangl, Walter Rauff y Klaus Barbie en concubinato con el Vaticano, situación que fue aprovechado por los criminales de guerra para escabullirse sin dejar rastro alguno.
La historia relata que con la creación en 1937 de la secta denominada Opus Dei por parte del sacerdote español , el obispo austríaco Alois Hudal rector de un colegio austríaco-alemán, era uno de los principales ideólogos de la susodicha secta y de la «ruta vaticana» o «ruta de los monasterios», al ser un defensor de ultranza del nacionalismo de Adolf Hitler, conjuntamente con el sacerdote bosnio-croata Krunoslav Draganovic, famoso por organizar ratlines desde Roma a cualquier parte del mundo.
Lo que queda en la palestra pública es si verdaderamente hubo complicidad de la Iglesia Católica y la Cruz Roja en la famosa «RUTA DE LAS RATAS NAZIS», si el Papa Pío XII tenía conocimiento o callaba por encubrir, es necesario que se conozcan públicamente los documentos desclasificados que el Vaticano dice se están estudiando y allí el mundo se enterará de lo que verdaderamente sabia el venerado Pío sobre las ratlines.
Amanecerá y veremos. La Cruz Roja, el Vaticano y la Iglesia Católica, tiene todavía mucho que explicarle al mundo.

