Por : Álvaro González Álvarez, Ph.D., P.E.
Llevo unas tres semanas esperando a que alguien de las huestes del alcalde Turbay o de sus aplaudidores de oficio escribiera algo con algún sustento científico acerca del caño Juan Angola. Parece que es mucho pedir en Cartagena, tierra de metemonos (leer ‘El metemono’), en donde abundan las elucubraciones y los aires de falsa erudición en medio de las órdenes de prestación de servicios (OPS) a periodistas y dueños de portales noticiosos (leer ‘Las comunicaciones de Turbay y Arana’).
Presten atención a la línea de tiempo de las publicaciones en respuesta a la indignación mostrada en redes sociales de una parte de la ciudadanía cartagenera por la tala del mangle en el caño Juan Angola.
El primero en aparecer fue el propio alcalde Turbay el 13May2024 en un trino donde afirmó: «La iguana feliz en su #JuanAngola recuperado […]». A lo que un usuario de la plataforma ‘X’ (@olascuaga_m) contestó: «si siguen deforestando el mangle, no van a quedar ni los mosquitos. Recuperación del caño sí, pero con responsabilidad ecológica». A esto, el alcalde replicó con otro trino haciendo alusión al aparte de un texto que le atribuye a Rodolfo Díaz Wright, en donde se lee: «[…] el mangle en aguas degradadas con elevados vertimientos de materia orgánica, con contenido nulo de oxígeno disuelto, se convierte simplemente en una planta invasora […] Después de esto ocurren los conocidos fenómenos sociales de invasión y tugurización de las riberas […]» (sic).
Al día siguiente, 14May2024, Revista Metro publicó la columna ‘Campaña ‘Juan Angola Resplandece’: avances en materia de navegabilidad y recuperación del ecosistema’, en donde citan el mismo texto de Díaz Wright y los trinos de algunos usuarios como Jhon León Mena y Jorge Urzola Rego, quienes, por supuesto, adulaban al alcalde.
El 16May2020, aparece en El Universal la nota de la concejal Mónica Villalobos Olea titulada ‘Recuperación del caño Juan Angola: avances y controversias’, en donde dice, con más ganas que verdad, que Díaz Wright es un experto que «[…] nos recuerda la complejidad del ecosistema y la necesidad de abordar los desafíos ambientales con enfoque ambiental […]». Pero fíjense lo chistoso de la columna: Juan Carlos Valdelamar es biólogo, especialista en estadística aplicada, con maestría en ciencias ambientales, doctor en toxicología ambiental, consultor e investigador con varias publicaciones científicas a su haber; pero, para la concejal, el experto es Rodolfo Díaz.
El 20May2024, Germán Danilo Hernández publicó en El Universal el artículo ‘Canales de oportunidades’, en donde primero reduce el problema de calidad del agua del caño Juan Angola a una discusión semántica insulsa entre las palabras ‘caño’ y ‘canal’, para luego — en un intento fútil por ensalzar lo hecho por la administración Turbay — rematar con un final de cuentos de hadas: «[…] el sueño de ver convertida a la ciudad en una especie de Venecia caribeña, en la que sus canales de aguas límpidas sean surcados por góndolas […]»…y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
El 21May2024, Carlos Ardila González (propietario de Revista Metro) difundió la nota ‘El antes y el después de la relimpia del Canal Juan Angola: «una diferencia abismal»’, la que parece un intento desesperado por buscar validación (a lo hecho por Turbay) de varias personas del vecindario, entre esas su hermano Roberto Ardila, quien, ¡oh, sorpresa!, repite lo dicho por Germán Danilo: «[…] para nada, en tu nota llames (caño) al Juan Angola como antes lo llamaban por su pésimo estado; ahora debe ser bautizado como canal […]». El ‘pequeñísimo’ detalle que desconocen los hermanos Ardila y demás entrevistados es que la calidad del agua y los ecosistemas asociados a los cuerpos de agua no se miden a punta de semántica y opiniones (variables cualitativas), sino con parámetros fisicoquímicos y biológicos (variables cuantitativas).
El 31May2024, nuevamente es El Universal la plataforma para la diseminación del mensaje de los contratistas de la Alcaldía de Cartagena. Rodolfo Díaz Wright escribió la nota ‘El nuevo Juan Angola’, en donde afirma que los expertos de la ciudad le entregaron al mangle la tarea de descontaminación del sistema lagunar. Continúa diciendo que no hacía falta ser «[…] experto para darse cuenta de cuán equivocados estaban sobre el tremendo daño que le hicimos y seguiremos haciendo al ambiente de no actuar correctamente […]». Y remata con un giro inesperado contradiciéndose casi que en forma de parábola: «[…] el mangle sí funciona, los que no funcionamos somos nosotros». Rodolfo, tienes razón, no eres un experto.
De estas columnas empecemos por decir que la sincronización de su publicación la envidiaría la industria relojera suiza. Segundo, caño Cristales es considerado por muchos como el río más lindo del mundo. De acuerdo a la nueva escuela filosófica ambiental de Germán Danilo y los hermanos Ardila, habrá que cambiarle el nombre a canal Cristales.
Tercero, una visita al perfil de la concejal Villalobos en la plataforma ‘X’ bastó para notar cómo retuitea las publicaciones de Turbay, incluso ha usado la etiqueta/hashtag ‘#ElQueSíHace’, la cual utilizaron también varios adeptos del alcalde desde la época de campaña, como por ejemplo el abogado Kevin Sabalza Ahumada (@KevinSabalzaA), quien tiene actualmente una OPS en la Alcaldía de Cartagena.
Cuarto, hay que informarle a la concejal Villalobos que no solo Rodolfo Díaz no es experto en esos temas en lo absoluto, sino que también hay que recordarle que, de hecho, ninguno de los autores de las columnas antes citadas (incluyendo la de ella) tiene formación científica o es versado en calidad del agua y ecosistemas acuáticos.
Quinto, que Germán Danilo (y su esposa), Rodolfo Díaz, y el hijo de Carlos Ardila (quien colabora en la Revista Metro) trabajan para la administración Turbay. Además, al no ser conocedores del tema, uno no sabe si sus artículos son producto de su opinión desinformada, o son los contratos los que están hablando, o ambos.
Respecto los dos últimos puntos, es inconcebible y vergonzoso el mutismo de gran parte de la academia cartagenera en relación a todo lo que ha venido sucediendo en el sistema lagunar de Cartagena. Jesús Oliveros y Juan Carlos Valdelamar son los únicos académicos que han expresado abiertamente su opinión científica en la prensa local acerca de los acontecimientos acaecidos este año en el Juan Angola (leer ‘Caño Juan Angola: Sabe Edurbe algo de sostenibilidad’ y ‘Alcalde Turbay, la culpa no es del mangle’).
Y ni hablemos de los entes ambientales locales (Cardique y EPA-Cartagena). Lo mismo de siempre: son un caso perdido. Estas entidades han estado politizadas desde su mismísima creación, típicamente ocupadas por profesionales con poca formación científica o conocimiento y experiencia real en estos temas, independientemente de lo que digan algunos de sus títulos académicos.
¿No me creen? Hagamos un recorrido por las diferentes declaraciones que se han dado desde los entes ambientales respecto a la mortandad de peces reportadas en el sistema lagunar de Cartagena a través del tiempo:
Año 1994, El Tiempo reportó que la ‘oficina ambiental distrital’ afirmó que los peces en ‘los caños de Chambacú’ murieron «por asfixia al liberarse gases venenosos que se formaron por la descomposición de residuos biológicos o desechos sólidos vertidos».
Año 1997, el director del otrora Damarena, Rafael Vergara (q.e.p.d.) aseveró que la «mortandad de peces en la laguna de Chambacú estaba más que advertida», por lo que pidió «retirar la placa de cemento del caído puente Pedro de Heredia porque ésta estaba dificultando aún más la entrada de oxígeno a este cuerpo de agua».
Año 2012, la entonces directora del Establecimiento Público Ambiental de Cartagena (EPA-Cartagena), Norma Badrán Arrieta, afirmó que la muerte de peces en las playas del sector de Cielo Mar obedeció «a un fenómeno que ocurre de manera cíclica cuando se da inicio al primer periodo de lluvias, entre abril y mayo».
Año 2013, se reporta muerte masiva de peces en la laguna de Chambacú. Uno de los biólogos de ese entonces del EPA-Cartagena, Gabriel Luna González, la atribuyó a un «bajón de oxígeno por las fuertes lluvias de los últimos días y a la contaminación del hábitat con las basuras».
Año 2016, nuevamente Gabriel Luna culpó a la lluvia de la muerte de los peces en la laguna de Chambacú: «con las lluvias entró una gran cantidad de basuras que incrementó la carga orgánica. Eso hace que el fitoplancton, que son las microalgas que le dan el color verde al agua, empiecen a proliferar porque tienen más comida».
Año 2020, mortandad de peces en las lagunas del Cabrero y Chambacú. Norma Badrán (ahora como subdirectora Técnica y de Desarrollo Sostenible del EPA-Cartagena) y sus técnicos vuelven a insistir en que «la mortandad obedece a un fenómeno que sucede todos los años como es la falta de oxígeno y la saturación de minerales en el agua». Todavía varios nos preguntamos cómo Javier Mouthón dejó que sacaran esas declaraciones en la prensa.
En mayo de este año, a solo días de los cantos de sirena de las bondades de la tala de varias hectáreas de mangle y de la relimpia en la calidad del agua del caño Juan Angola expresados tanto en algunas de las columnas previamente citadas como en las publicaciones de Turbay y sus adeptos en distintas redes sociales y portales noticiosos, la acostumbrada soberbia del burgomaestre una vez más le explotó en la cara: muerte masiva de peces en el caño. «Tenga pa’ que lleve», dirían las abuelas.
La siguiente es la secuencia de publicaciones del EPA-Cartagena en referencia a la reciente mortandad de peces en el Juan Angola:
23May2024: en un video publicado en la plataforma ‘X’ con música de fondo de película de acción, Óscar Barrios De Ávila, biólogo del EPA-Cartagena, dice que la mortandad de peces en el caño «[…] puede obedecer a todas las precipitaciones que se han presentado en estos días, que ha ocasionado una alteración en las variables fisicoquímicas de este cuerpo de agua […]».
24May2024: en otro video en la misma red, el director del EPA-Cartagena, Mauricio Rodríguez Gómez, confirmó lo dicho por Óscar Barrios: «[…] lo que estamos identificando es la presencia de un bajón en el oxígeno disuelto en el cuerpo de agua. […] Esa es una situación que es común y que es cíclica en estos cuerpos de agua donde, con la llegada de la primera lluvia fuerte se genera una descompensación en el balance hidrológico del cuerpo de agua relacionado con las concentraciones de agua dulce y agua salada, lo que genera un bajón en el nivel de oxígeno. Ese bajón en el nivel de oxígeno es el causante de la mortandad de peces […]»
26May2024: siguiendo la misma línea de Norma Badrán, una vez más sale Mauricio Rodríguez en un video haciendo énfasis en que había que «señalar que la situación que se presentó la semana pasada obedece a una situación cíclica, que se genera de manera frecuente cuando inicia la temporada de lluvia […]».
De las diferentes declaraciones que se han dado por años para explicar la mortandad de peces en el sistema lagunar queda más que claro las limitaciones técnicas de muchos de los titulares de las entidades ambientales. Habrá que explicarles conceptos básicos de calidad del agua y los ecosistemas acuáticos.
Un ejemplo fehaciente de esto es un informe realizado por el EPA-Cartagena en julio de 2019, después de una denuncia ciudadana de una mancha oscura en el caño Juan Angola. La conclusión del reporte fue que «[…] de acuerdo, a los resultados obtenidos del promedio de los tres días de muestreo en las tres estaciones localizadas en el Caño Juan Angola, al momento de la toma de muestras la calidad del tramo del caño objeto de estudio, se podría considerar como buena» (sic). El director del EPA-Cartagena de la época era Álvaro Vargas Martínez.
El 15Nov2019 escribí la nota ‘Caño Juan Angola, un enfermo en cuidados intensivos que se niega a morir’ en donde, uno a uno, desmentí todos errores procedimentales y de análisis de ese bodrio de reporte.
Me hubiera gustado escribir una columna más técnica, pero eso aburriría a muchos lectores con terminología que quizás no entienden. Es por esto que, por enésima vez, quiero invitar a Rodolfo Díaz, Mónica Villalobos, Carlos Ardila, Germán Danilo Hernández y Mauricio Rodríguez a un debate técnico abierto al público.
Ñapa
Hace unos días, Germán Danilo publicó en El Universal la columna ‘Efecto calambre’. Una pieza abstracta, insulsa y pusilánime; digna de sepultarla en el olvido. No la traería a colación si no fuera porque parece que la motivación de esta (la columna) fue que no le gustó que se hubieran develado sus contratos (y los de su esposa) con la Alcaldía de Cartagena. Hace de la victimización el centro de su escrito y cita la envidia como parte de su argumento. Confieso que habría disfrutado más leer algún malabarismo argumentativo, de esos a los que nos tienen acostumbrado los biempensantes de Cartagena.
La autorización dada por Cardique es que la sección transversal del caño Juan Angola debía ser de al menos 20 metros de ancho y 1.5 metros de profundidad para que fuera navegable. Sin embargo, una inspección rápida a las imágenes de satélite de febrero de 2024 permitió evidenciar que hay sectores con secciones de un ancho de más de 30 metros y en el canal paralelo (segmento del Juan Angola que corre paralelo a la pista del aeropuerto Rafael Núñez) de unos doce metros. ¿Entonces?



