Ana María Orozco Zapata, coordinadora académica del Instituto Técnico San Rafael de Manizales, Caldas, ha dedicado su vida a la educación, moldeando generaciones de jóvenes con un compromiso inquebrantable. Su historia es un testimonio de resiliencia, pasión y una visión clara de la importancia de la educación en la formación de ciudadanos críticos y responsables.
Ana María llegó al Instituto Técnico San Rafael en 2005. Desde sus inicios, recuerda el proceso de privatización del colegio y el papel crucial de los rectores que han pasado por la Institución. Cada uno de ellos dejó su huella en San Rafael, especialmente en la búsqueda de la privatización y la obtención del certificado de calidad. «El padre Rubén Darío Franco, el padre Octavio, y el padre Jairo, fueron figuras administrativas destacadas», menciona Ana María. «Trabajé de cerca con ellos y cada uno tuvo aspectos sobresalientes que contribuyeron a los logros administrativos de la Institución».

En 2017, el padre Gabriel Ricardo asumió el cargo de coordinador de convivencia, y un año después, se convirtió en rector. Su llegada marcó un punto de inflexión para el Instituto Técnico San Rafael. Bajo su liderazgo, la Institución no solo mejoró su infraestructura, sino también sus programas. «El padre Ricardo le ha venido cambiando la cara a la Institución», afirma Ana María con orgullo. «Estamos bien posicionados, hay muchos avances tanto en infraestructura como en lo académico y lo técnico. Este es uno de los momentos en que mejor está el colegio, es reconocido y somos líderes en inclusión. Hemos venido logrando muchos avances».
Ana María ha sido testigo y partícipe de 20 promociones de estudiantes, viendo cómo el colegio crece y se fortalece cada año. Su propio desarrollo profesional ha sido notable, con oportunidades para trabajar en proyectos que le han permitido adquirir experiencias con instituciones a nivel internacional. Este crecimiento no solo ha beneficiado a los estudiantes, sino también a la comunidad educativa en su conjunto.

Un aspecto central de su trabajo ha sido la organización de los foros políticos en la Institución. Estos eventos, diseñados para que los estudiantes de San Rafael y otros colegios de la región conozcan y debatan sobre las diferentes posiciones en temas cruciales para el país, se han convertido en un pilar fundamental del desarrollo académico y ciudadano de la juventud manizaleña.
Este año, en el marco del cumpleaños 80 de la Institución, el tema central del foro fue «La transformación y bipolarización: El desafío de la juventud colombiana», un título que refleja la complejidad y urgencia de los tiempos actuales. Durante dos días, 280 estudiantes participaron activamente, presentando sus ponencias y discutiendo con pasión y profundidad.

Orozco explica con orgullo: “La idea es que ellos desarrollen su parte crítica y puedan expresar su visión frente a lo que está pasando en el país. El objetivo del foro es crear pensamiento y conciencia crítica”.
Desde su inicio en 2008, estos foros han crecido tanto en tamaño como en influencia. Desde el primer foro, la presencia de importantes invitados de la vida nacional y, en particular, del Eje Cafetero marca una constante. Este evento pionero sentó las bases para lo que se ha convertido en una tradición anual, un espacio donde las voces jóvenes no solo se escuchan, sino que también resuenan en la comunidad educativa y más allá.
Hoy, el Instituto cuenta con 41 docentes altamente capacitados y comprometidos con la pedagogía amigoniana, una filosofía educativa centrada en la formación integral del estudiante. Con una matrícula de 840 estudiantes, el colegio ha expandido su alcance, recibiendo niños desde los dos años en el grado de párvulos. Este cambio ha permitido a la Institución ofrecer una educación temprana de calidad, cimentando las bases para el desarrollo académico futuro de los niños.

Para Ana María, su mayor satisfacción radica en haber contribuido a la formación de estudiantes que hoy son ejemplo a nivel nacional. Entre ellos se encuentra su propio nieto, un destacado deportista internacional de bicicross que actualmente cursa el quinto semestre de ingeniería de software. La educación que recibió en el San Rafael le permitió encontrar su vocación y dirección en la vida, un testimonio viviente del impacto que Ana María y sus colegas han tenido en la juventud.
Ana María, proviene de una familia numerosa con 11 hermanos. Desde pequeña, fue inspirada por su madre, quien también era docente. Estudió en un colegio normalista y se convirtió en profesora de primaria en el Colegio Los Ángeles de Terciarias Capuchinas.
Pese a las dificultades económicas durante su niñez, recuerda esos años con felicidad. Las adversidades de su infancia le enseñaron a fortalecerse y a emprender un camino exitoso. Sin embargo, la vida le presentó momentos críticos, como la pérdida de tres familiares durante la dura época de la pandemia. Este dolor personal se reflejó en su entorno laboral, donde la Institución tuvo que adaptarse rápidamente a la educación virtual. A pesar de las dificultades, el colegio logró superar ese año complejo, y al siguiente, gracias a su infraestructura, pudo cumplir con todas las medidas de seguridad exigidas por la Secretaría de Educación.
Como mujer de profunda fe católica, siempre ha estado aferrada a la oración y guiada por su creencia en Dios. Su fe ha sido una fuente de fortaleza a lo largo de su vida, ayudándola a superar los desafíos y tristezas, y a seguir adelante con determinación y esperanza.

La historia de Ana María Orozco Zapata es un ejemplo inspirador de cómo la dedicación, la fe y el compromiso pueden marcar una diferencia significativa en la vida de muchas personas. Su legado en el Instituto Técnico San Rafael de Manizales es una prueba de que, con amor y perseverancia, es posible formar no sólo buenos estudiantes, sino también ciudadanos críticos y responsables, preparados para enfrentar los desafíos del futuro.
Ana María no solo ha visto graduarse a cientos de estudiantes, sino que también ha sido testigo del impacto positivo que el San Rafael ha tenido en la comunidad. Su legado es uno de crecimiento, innovación y dedicación, y su influencia continuará moldeando el futuro de la Institución y de todos los que pasan por sus aulas.



