La profesora de ética y filosofía fue asesinada a tiros por su expareja frente a su colegio en el barrio La María. El caso, ocurrido el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ha generado indignación nacional.
Beatriz Elena Suárez Martínez tenía 43 años, una vida dedicada a la enseñanza y un futuro profesional que estaba a punto de fortalecerse con una nueva especialización. Llevaba más de treinta años construyendo su historia en Cartagena, donde se graduó como filósofa y se convirtió en una docente reconocida en la Institución Educativa Francisco de Paula Santander, en el barrio La María. Pero su trayectoria fue interrumpida de forma brutal por un feminicidio que, para su familia, pudo y debió evitarse.

Tras casi veinte años de unión libre con Alexi Velazco Salazar, con quien compartía una hija, la relación comenzó a deteriorarse. Las discusiones, según familiares, surgían por la falta de apoyo económico del hombre hacia el hogar. Hace mes y medio, Beatriz decidió separarse, buscando estabilidad para ella y su hija.
Desde entonces, el riesgo escaló rápidamente. Alexi insistía, presionaba, enviaba mensajes a través de terceros y finalmente la amenazó si no regresaba con él. La docente actuó como muchas mujeres hacen cuando perciben peligro: denunció.
La Comisaría de Familia recibió su caso. La Policía confirmó una anotación por violencia intrafamiliar contra el agresor. El Estado sabía que ella estaba en riesgo, pero no fue suficiente.
El hostigamiento continuó. Según la familia, Alexi habría empeñado un vehículo para conseguir un arma de fuego. En un chat de WhatsApp, envió la foto de un revólver junto con amenazas directas. Aun así, la docente quedó expuesta. Sin protección. Sin acompañamiento oportuno. Sin las medidas que su denuncia exigía. La tragedia avanzaba sin que ninguna institución lograra detenerla.
El martes 25 de noviembre, el mismo día en que cientos de mujeres marchaban en Cartagena por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Beatriz caminaba hacia la vía principal del barrio La María para tomar una mototaxi, como cada tarde. No alcanzó a subir al vehículo, su agresor la esperaba.
Testigos relataron que Alexi llegó en moto —como quien planifica un ataque—, la tomó del cabello, discutió brevemente y luego disparó tres veces. Beatriz cayó de inmediato sobre la vìa. Su bolso y una botella de agua quedaron a su lado: las únicas huellas de su rutina interrumpida.
Metros más adelante, cuando la Policía lo interceptó, el hombre se disparó. Para la familia, fue el cierre de un feminicidio anunciado… y una evidencia dolorosa de que las amenazas eran reales.
El magisterio nacional reaccionó de inmediato. FECODE expresó en un comunicado: “Repudiamos el feminicidio de la compañera docente Beatriz Elena Suárez Martínez, ocurrido justo el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. (…) ¡Ni una más! ¡Ni una menos! Las queremos vivas”.
Docentes, estudiantes, organizaciones y colectivos de mujeres coincidieron en que este crimen no solo enluta a una familia, sino que evidencia la urgencia de fortalecer las rutas de protección, de garantizar medidas reales cuando una mujer denuncia, de evitar que una amenaza termine convertida en estadística.
Beatriz Elena Suárez era más que un caso. Era una maestra dedicada, una pensadora en formación permanente, una figura querida en su comunidad escolar y, sobre todo, una madre que trabajaba cada día por construir un futuro distinto para su hija. Su feminicidio, ocurrido en plena conmemoración contra la violencia de género, deja una pregunta inevitable: ¿Qué más debe pasar para que la protección a las mujeres funcione?
Este crimen, que tenía todas las señales de ser evitado, obliga a Cartagena y al país a revisar, sin excusas, las fallas institucionales que permiten que un feminicidio anunciado se convierta en una condena irreversible.



