La noche anterior a su partida, el cantautor de la música popular, Yeison Jiménez volvió a hacer lo que más amaba: subir al escenario, coger el micrófono y entonar cada letra como si fuera un pacto de verdad con su público. Aquella presentación en Santander no fue solo un concierto lleno de emoción y energía multitudinaria; fue la última vez que su voz llenó un espacio físico y el corazón de miles de seguidores que, sin saberlo, escuchaban también la despedida de un hombre que se entregó por completo a su arte.
Esa noche, cuando el público coreó con fervor La llamada, convirtió el momento en uno de los instantes más memorables de lo que sería el cierre de una gira y, a la vez, un epitafio espiritual. En cada nota, en cada mirada y en cada abrazo tácito entre intérprete y audiencia, hubo una comunión sincera, un intercambio de afecto que hoy se siente imborrable.
Horas después de ese último aplauso, la tragedia sacudió al país. En la tarde del sábado 10 de enero de 2026, Yeison abordó una avioneta charter con destino a Medellín —y desde allí continuaría su viaje hacia una presentación en Marinilla—, pero el aparato no logró tomar altura y se estrelló en zona rural de Boyacá, entre Paipa y Duitama. En ese accidente, que no dejó sobrevivientes, también perdieron la vida el piloto y los miembros de su equipo, quienes compartían con él no solo la ruta de trabajo, sino el proyecto de llevar la música popular a cada rincón del país.
En sus redes sociales, tras el concierto, Yeison compartió fragmentos de esa velada final. Se le vio envuelto en una ruana, agradeciendo con sencillez profunda, escribiendo palabras que hoy resuenan con una emotividad brutal: “Qué noche” y “Los amo”. Palabras que no sólo celebraban el momento vivido, sino que ahora se convierten en un testimonio de cariño eterno hacia quienes lo siguieron, corearon sus letras y compartieron sueños con él.
La música popular colombiana está de luto. Con múltiples éxitos que se convirtieron en banda sonora de innumerables vidas, Yeison no fue solo un artista: fue un símbolo de la narrativa popular, un puente entre el sentimiento cotidiano y la grandeza emocional de las canciones que lo hicieron inolvidable.
Hoy, mientras el país llora su partida, su legado trasciende. Cada acorde que cantó, cada historia que narró desde la profundidad de su voz, queda como testimonio de un talento que supo conectar con el corazón de Colombia. Y aunque su último vuelo terminó en tragedia, la música que creó seguirá elevándose como un canto perpetuo de amor, memoria y gratitud.
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Descansa en paz, Yeison Jiménez. Gracias por cada canción, por cada instante compartido y por haber hecho de tu arte un lugar donde todos pudimos sentirnos un poco más comprendidos, un poco más vivos.

