Pocos colombianos se han dado cuenta de que nuestro país ha sido señalado a nivel mundial como la tierra de los narcotraficantes. La poderosa nación del norte se ha autodeclarado nuestro gran juez, señalándonos constantemente e imponiéndonos vetos y castigos.
Sin dejar de reconocer la existencia de varios carteles de la cocaína —como los liderados por los hermanos Rodríguez Orejuela, Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha y Carlos Lehder, entre otros—, también hay que reconocer que, históricamente, Colombia ha sido uno de los principales países desde donde se han exportado drogas hacia Estados Unidos.
Sin embargo, un reconocido escritor colombiano y ganador del Premio Nobel de Literatura, cansado de oír siempre la misma historia, dijo hace mucho tiempo que, si los mayores consumidores de drogas están allá —más de 30 millones— y la cocaína se comercializa como cualquier otro producto, algo muy grave está ocurriendo.
En ciudades como Hollywood, Los Ángeles y Nueva York existen barrios enteros de drogadictos. Algunos viven en carpas y casas hechas de cartón, una realidad que pocas veces se muestra con la misma dureza con la que se señala y estigmatiza a Colombia.
Entonces surge la pregunta: ¿Cómo se mueve realmente el tráfico de cocaína? Si ya no existen grandes carteles visibles, ¿o será que hay empresarios norteamericanos intocables detrás de este negocio? No se conoce hoy un nombre famoso que sea identificado como gran jefe del narcotráfico, como ocurría en la época de Al Capone, quien era reconocido mundialmente. Existe un silencio cómplice dentro de la sociedad norteamericana.
Colombia ha puesto los muertos en esta guerra contra el narcotráfico. Muchos policías y civiles han perdido la vida en ciudades como Cali, Bogotá y Medellín. En el combate que el Estado colombiano ha librado contra las mafias de la droga, han muerto altos funcionarios públicos. Entre ellos, quien enfrentó este problema de manera frontal fue asesinado por sicarios del cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar. Su nombre fue Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia de Colombia.





