Ningún gobierno ha sido más malo que este que termina. Siembra odio y no construye nada. Fortalece a los bandidos y debilita a la Fuerza Pública. Ataca al empresariado y estatiza todo lo que puede. Gasta lo que no tiene, nos endeuda hasta el alma y se roba hasta los inodoros. Y desprende un tufo permanente de autoritarismo que se manifiesta en su pretensión de confundir al pueblo consigo mismo y en sus ataques permanentes a las cortes y al Congreso.
Pero los colombianos somos resilientes y hemos resistido. Y, a pesar de todo, tenemos instituciones que, con sus más y sus menos, han hecho la tarea. Aunque sobornaron senadores y representantes, el Congreso frenó las peores iniciativas de la izquierda (la Comisión de Absoluciones sigue prevaricando y el precio que hemos pagado es inconmensurable, eso sí). Las cortes defendieron la Constitución y la ley. El Banco de la República, pese a las presiones gubernamentales, no se rinde en su combate contra la inflación.
El peligro, sin embargo, acecha. ¿Aguantamos un período más de izquierda extrema? Me temo que no; que el pueblo y las instituciones no soportan tanto. Y no podemos correr el riesgo de que en cuatro años no tengamos elecciones. Preservar el sistema democrático y, en consecuencia, derrotar al heredero de Petro y abogado de las Farc debe ser prioridad.
No deja de ser irónico que, aun así, haya tantos inclinados a votar en primera vuelta por quien pone en peligro esa posibilidad. Lo que demuestran todas las encuestadoras, menos Atlas, es que quien realmente puede derrotar a Cepeda es Paloma.
Atlas podrá tener buena imagen internacional, pero en Colombia ha destrozado su reputación. Y no porque antes del 8 de marzo proyectara que la Gran Consulta obtendría la mitad de la votación que en realidad consiguió y que Salvación Nacional obtendría más del doble de curules de las que logró. Supongamos que se equivocó en sus pronósticos. Sino porque destruyó su credibilidad cuando, al mismo tiempo que vendía sus resultados a Semana, alquilaba sus servicios a De la Espriella y cuando, sin advertir que trabajaba para él, su CEO salió a medios a sostener que no había posibilidad de que Paloma pasara a segunda vuelta. La contradicción ética es evidente. Tan grosero ha sido también el engaño al electorado por parte de Semana y de la campaña de De la Espriella, haciendo propaganda y presentando como ciertos los resultados de una encuestadora que ellos pagan y que manipula la muestra para hacer crecer a su candidato.
Como sea, al mismo tiempo que Paloma ha demostrado que puede conseguir votos del centro y de la centroizquierda —como lo prueba el hecho de que fue aceptada y ganó esa consulta, además de haber recibido el apoyo público de figuras relevantes de ese sector político—, De la Espriella ha hecho una campaña radicalizando el discurso y atacando no solo a líderes del centro, sino incluso también a Uribe y al Centro Democrático. Es decir, De la Espriella se ha dedicado a alejar votos y a dinamitar los puentes indispensables para ganar el 21 de junio y derrotar a Cepeda. Si pasa a segunda vuelta, su victoria será pírrica. Es un tiro en el pie. Una ironía. Quienes harán fiesta serán Petro y la extrema izquierda, que además deben tenerle preparado un largo arsenal de escándalos relacionados con el oscuro trasegar de De la Espriella con paras, narcos y lavadores de activos.
Cepeda y De la Espriella restan y dividen; Paloma suma y une. Cepeda y De la Espriella odian y destruyen; Paloma quiere y construye. Cepeda desea un país para los “nadie”; De la Espriella, uno dizque para los “nunca”. Paloma quiere una Colombia para todos, sin excepciones distintas a los violentos, los bandidos y los corruptos.
Paloma es preparada, juiciosa, disciplinada, estudiosa, transparente y honrada. Madre ejemplar. Conoce el país a fondo y tiene soluciones. Ha sido una excelente legisladora y un dique de contención frente a los excesos autoritarios y estatistas de Petro. Tiene carácter, coraje, valor y, ella sí, coherencia. Su pasado es intachable: sin grises ni negros, sin malos socios ni malas amistades, sin esqueletos en el clóset.
La propuesta de Paloma de sumar es no solo la que se requiere para derrotar a Cepeda, sino también la que necesita Colombia para su reconstrucción. Solo sumando podemos construir un país justo y seguro, sin pobreza ni hambre, con salud y empleo para todos.



