Hay lugares que dejan de ser simplemente lugares. Hay nombres que se convierten en memoria y unidades militares cuya historia trasciende una placa o un archivo, porque está escrita en las botas gastadas de sus soldados, en las madrugadas de guardia, en los caminos recorridos y en el recuerdo de quienes alguna vez vistieron su uniforme. Hoy, Montería vuelve la mirada hacia uno de esos lugares.
El Batallón de Infantería N.º 33 “Batalla de Junín” conmemora 48 años de presencia en tierras cordobesas. Son casi cinco décadas desde aquel 17 de agosto de 1978, cuando la unidad llegó a Montería con todos sus efectivos, después de haber sido activada inicialmente en Buga.
Desde entonces, el verde oliva comenzó a formar parte del paisaje de una región donde el soldado aprendió que defender la patria también significa conocer a su gente, recorrer sus veredas, acompañar a sus comunidades y compartir las esperanzas de sus campesinos.
Para comprender la dimensión histórica del Junín de hoy es necesario mirar mucho más atrás. El nombre “Junín” no fue escogido al azar. Evoca una batalla y una tradición militar asociada a hombres que entendieron que la libertad no se hereda gratuitamente, sino que se conquista, se protege y se defiende.
Mucho antes de establecerse en Montería, el Junín conoció los rigores de la guerra. En 1933, durante el conflicto entre Colombia y Perú, organizó un cuerpo expedicionario que marchó hacia el sur para participar en la defensa de la soberanía nacional. Posteriormente, sus hombres participaron en operaciones en territorios de alta complejidad geográfica del Cauca, entre ellos Río Chiquito, Tierradentro, Argelia, Belalcázar y Corinto. Y luego llegó Corea.
En 1951, oficiales, suboficiales y soldados provenientes del Junín integraron el histórico Batallón Colombia, unidad que viajó a combatir en la península coreana. Aquella participación hace parte de uno de los capítulos más significativos de la historia militar colombiana y del compromiso internacional asumido por sus soldados.
Por eso, cuando hoy suena una banda militar en Montería y el pabellón nacional se eleva frente a una formación de soldados, no solamente se conmemora un aniversario. Se pasa revista a la historia.
Durante estas cuatro décadas y ocho años han desfilado por sus filas comandantes, oficiales, suboficiales y miles de soldados. Algunos llegaron jóvenes y partieron convertidos en veteranos. Otros dejaron allí algunos de los mejores años de sus vidas. Y están también aquellos cuyo recuerdo permanece como parte de la memoria de la institución y de sus familias. Porque detrás de cada insignia hay un hombre. Detrás de cada uniforme existe una familia y detrás de cada misión hay una patria.
El Junín también ha sido testigo de la transformación de Córdoba. Ha visto crecer a Montería, cambiar sus caminos y evolucionar los desafíos de seguridad de la región. Durante décadas, su uniforme ha estado presente en carreteras, zonas rurales, municipios y comunidades campesinas, en cumplimiento de las misiones asignadas por el Ejército Nacional.
Su labor también ha incluido acompañamiento a comunidades, apoyo a poblaciones rurales y participación en acciones orientadas a contribuir a la seguridad y estabilidad regional. Por eso, el lema “Paso de vencedores” tiene una dimensión que trasciende la retórica militar.
Vencer no siempre significa combatir. A veces significa resistir. Permanecer cuando otros se marchan. Caminar bajo el sol inclemente de la sabana, dormir lejos de la familia, celebrar un cumpleaños por teléfono y continuar cumpliendo la misión mientras alguien espera en casa el regreso. Eso también es servicio. Eso también es patria.
Hoy, al conmemorar 48 años de presencia en Montería, el Junín tiene al frente de sus hombres al teniente coronel Jair José González Martínez, oficial sincelejano, quien tiene la responsabilidad de conducir una unidad cuya historia comenzó mucho antes de su llegada al Ejército. Esa continuidad representa una de las fortalezas de una institución militar: los hombres cambian, pero la misión permanece.
- Memoria, gratitud y reconocimiento
Este aniversario representa una oportunidad para recordar y agradecer a quienes estuvieron antes, reconocer a quienes hoy cumplen la misión y rendir homenaje a las familias que durante décadas han compartido, muchas veces en silencio, las ausencias, preocupaciones y sacrificios de sus soldados. Cuarenta y ocho años después de aquella llegada a Montería, el Junín sigue marchando. El soldado pasa. El batallón permanece. Los comandantes pasan. La bandera permanece. Las generaciones cambian. La historia continúa.
Quienes alguna vez pertenecieron al Junín saben que hay recuerdos que el tiempo no puede borrar: el toque de diana, la formación antes de una misión, el saludo a la bandera, el olor de la tierra después de la lluvia, las voces de los compañeros y aquella sensación de pertenecer a algo más grande que uno mismo.
Quizá, en algún lugar, un antiguo soldado cierre los ojos y recuerde el uniforme, las marchas, las noches, a sus compañeros y a Colombia. Entonces comprenderá que los años pueden llevarse muchas cosas, pero jamás aquello que quedó grabado en el alma:
- Junín, paso de vencedores.
- Honor al Batallón de Infantería N.º 33.
- Honor a quienes lo fundaron y lo sirvieron.
- Honor a quienes hoy mantienen encendida su llama.
- Honor y gloria a sus soldados.




