Hay nombramientos que trascienden el cargo y terminan convirtiéndose en un motivo de orgullo para una región. La llegada de Ludmila Vergara Rosales a la Superintendencia de Transporte es uno de ellos. Para Sincelejo y para el departamento de Sucre no se trata simplemente del nombramiento de una abogada en una entidad del Gobierno nacional. Es la llegada de una profesional de la tierra a una posición desde la cual tendrá que tomar decisiones que afectan directamente a millones de colombianos.
Ludmila Vergara no llega improvisando. Su trayectoria académica y profesional respalda la responsabilidad que ahora asume. Abogada de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Procesal, catedrática de CECAR, exdirectora de la Oficina Jurídica de la Universidad de Sucre y exasesora jurídica de la Gobernación de Sucre, conoce el mundo académico, la administración pública y, especialmente, el rigor que exige el ejercicio del derecho.
Pero los cargos nacionales tienen una particularidad: la hoja de vida abre la puerta, pero es la gestión la que determina si la confianza estuvo bien depositada y aquí comienza el verdadero desafío.
La Superintendencia de Transporte no es una oficina más dentro del Estado. Es una entidad que tiene la responsabilidad de ejercer inspección, vigilancia y control sobre un sector fundamental para la economía y para la vida cotidiana de los colombianos.
Detrás de cada decisión de esa entidad hay pasajeros, transportadores, empresas, conductores, usuarios de carreteras y comunidades que esperan un servicio eficiente, seguro y sometido a las reglas. Por eso, Ludmila Vergara tendrá que demostrar algo más que conocimiento jurídico. Necesitará carácter, independencia, capacidad administrativa y, sobre todo, criterio para tomar decisiones en un sector donde confluyen enormes intereses económicos y políticos.
La Superintendencia debe vigilar, investigar y sancionar cuando corresponda, pero también debe garantizar que las reglas sean claras y que se apliquen sin privilegios. Allí estará una de las principales pruebas de la nueva superintendente.
Sucre necesita funcionarios nacionales que no lleguen a Bogotá simplemente a ocupar un escritorio. Necesita profesionales capaces de representar a su departamento con altura, pero sin olvidar que, una vez asumido un cargo nacional, la obligación deja de ser exclusivamente con la región y pasa a ser con todo el país. Ese será precisamente el examen para Ludmila Vergara.
Su llegada también tiene un significado especial porque demuestra que desde las regiones existen profesionales preparados para asumir responsabilidades de primer nivel. Durante demasiado tiempo se ha mirado hacia Bogotá como si allí estuviera concentrado todo el talento y la capacidad para dirigir las instituciones nacionales.
No es así. Desde Sincelejo también se puede llegar lejos. Y se puede llegar con preparación, disciplina y trayectoria. Ludmila Vergara representa hoy esa posibilidad. Pero el orgullo regional no debe convertirse en una patente de corso. Al contrario. Quienes celebramos su llegada debemos ser también los primeros en exigir resultados, transparencia y una gestión que esté a la altura del cargo.
Una buena funcionaria no se mide por el lugar donde nació, sino por la forma en que ejerce el poder que le fue confiado y esa será la verdadera medida de su gestión.
Desde Punta de Lanza celebramos que una sincelejana llegue a una posición de tanta responsabilidad. También celebramos que el Gobierno nacional haya puesto los ojos en una profesional de nuestra región. Al presidente Abelardo De la Espriella, reconocimiento por la confianza depositada en una mujer de Sucre. A Ludmila Vergara, felicitaciones y éxitos. Pero también una recomendación: ahora hay que trabajar, demostrar y responder.
El nombre de Sincelejo llegará con ella a cada decisión que tome. Y será su desempeño el que determine cómo quedará escrito ese nombre en la historia administrativa del país. Sucre no necesita solamente funcionarios que lleguen a Bogotá. Necesita funcionarios que, desde Bogotá, hagan sentir que Sucre también sabe gobernar.
Y en esta nueva etapa, a Ludmila Vergara le corresponde demostrarlo. Desde Punta de Lanza seguiremos observando su gestión con independencia, sin adulaciones innecesarias y sin mezquindades. Reconociendo los aciertos cuando los haya y señalando los errores cuando corresponda.
Porque apoyar a un funcionario de la región no significa renunciar a la crítica. Significa exigirle más, precisamente porque sabemos de dónde viene y todo lo que representa y al final, darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
