- OPINIÓN / SÁTIRA | Por Checkin Caribe
Esta es la nueva ‘bembeada’ para El Faraón Dumek Turbay. Qué dolor, qué dolor, qué pena. El helicóptero del presidente Abelardo de la Espriella pasará en unos días de largo, esta vez con Marco Rubio a bordo, el poderoso secretario de Estado de Estados Unidos. Y no aterrizará en el aeropuerto ‘Rafa’ Núñez. No, señores. Se va para Barranquilla, como el caimán. Para la capital alterna. La de Alex Char, su Junior, su Malecón del Río y su rueda de hierro.
La suerte de la ‘superciudá’ parece haber cambiado en los tiempos del Faraón de la milenaria dinastía de la chepacorina carmera y en su relación, digamos, bastante particular con el Gobierno de la Patria Milagro. Porque por acá todavía no se ha dado el primer milagrito de tenerlo en cuerpo y alma. Y es que durante décadas parecía casi natural que los hombres más poderosos del mundo —presidentes, secretarios de Estado y altos funcionarios de gobiernos extranjeros— llegaran a Cartagena para reunirse con el mandatario nacional de turno y tratar cualquier temita que tuvieran pendiente por ahí. Siempre había sido así.
Cartagena estaba en el radar, en el satélite universal. Era la sede alterna de Colombia. La ciudad más bella del país y de América. La joya de la corona. Nada más hay que desempolvar la historia para recordar que por estas callecitas coloniales caminó Franklin D. Roosevelt; que aquí cerquita estuvo George H. W. Bush firmando tratados, y cómo olvidar cuando Andrés Pastrana recibió a Bill Clinton con todos los honores en el año 2000. O cómo olvidar a Álvarito Uribe paseando con Bush o aquella mega cumbre de Barack Obama en 2012. Por estas tierras pasaron secretarios de Estado de los más pesados del planeta, desde George Shultz hasta Hillary Clinton.
Pero en estas semanitas del Gobierno con El Tigre parece que algo cambió. El avión pasa, sobrevuela los cielos de la ‘superciudá’, pero no aterriza. Cartagena, en los tiempos de El Faraón, no tuvo suerte con Petrosky y ahora Abelardo le hace el feo también. O eso parece. Es como si el reino de cemento del príncipe heredero de la casta de la chepacorina hubiera terminado jugando en segunda división, como el Realito: en la B de las capitales, sin poder ascender y, para completar, ‘bembeado’. Y todo esto viene a cuento porque la próxima semana llegará al país Marco Rubio, la ‘maricuyita’, como se diría en otros tiempos.
Rubio es el secretario de Estado de Estados Unidos y uno de los hombres de mayor peso dentro de la administración Trump. Algunos medios incluso lo han descrito como el número dos del Gobierno estadounidense. Nada más ni nada menos. Pero Rubio no vendrá a Cartagena. Al menos, según la información conocida hasta ahora.
Así es, señoras y señores: se va de largo. Y… ¡En Barranquilla me quedo! A la Quillami de los Char. Al territorio de Alex, su Junior, su malecón y sus milagros urbanísticos. El segundo hogar de El Tigre Abelardo de la Espriella —el primero es Miami—. Entonces el Faraón tendrá que guardar nuevamente la pinta de lino diseñada y cosida por Ketty Tinoco, engavetar las gafas Temu y resignarse a que ese champú de codearse con una alta personalidad del mundo, esta vez, no va. No te vistas…
¡Qué vaina! El Divino no podrá pasear a Rubio por el pedacito de malecón que ya tiene listo para el show, ni mostrarle el muelle de los cinco mil millones de pesos que se desbarató en Barú y que luego fue reconstruido; ni llevarlo a jugar fútbol en el parque Chambacú; ni mostrarle la hora mirando para arriba en el Reloj Floral de enfrente del búnker de Gerar. Ni nada de sus obras y milagros.
A Rubio se lo llevan pa’ Quilla. Allá comerá butifarra con bollo de yuca, porque acá —dijo, y lo dijo Leo— no hay identidad gastronómica ni políticas de apoyo. Aquí lo que hay son festivales. Como el del Patacón, que, a propósito, tuvo recientemente a uno de sus exponentes —luciendo un carísimo y elegante atuendo de cocinero mayor del mundo— respondiendo en redes sociales a las críticas de Leo. Y El Faraón, ni corto ni perezoso, reposteó sus palabras. Quién sabe si a Leo le hizo cosquillas esa perorata, con dron y todo, que le pusieron a recitar al pobre. Pero bueno.
Otro desplante. Este, con Rubio. Otra raya para El Tigre y su relación con El Faraón y la ‘superciudá’. O, mejor dicho, otro de los tantos ‘bembeos’ que De la Espriella le viene empacando a Dumek. Porque una cosa es que Cartagena sea la joya de la corona y otra muy distinta que la corona se acuerde de ponérsela. Por ahora, El Faraón se la pasa aplaudiendo los Bloques de Seguridad del nuevo Gobierno y mandando a decir que ya tiene la hoja de vida lista para cuando termine la alcaldía, por si aparece algún ministerio o cualquier puestico descentralizado. Uno nunca sabe.
- También puede leer: 🔥 ADLE va contra la corrupción: ¿Cartagena será la verdadera prueba de fuego?
Mientras tanto, Abelardo sigue rugiendo en Barranquilla, de la mano de Char. Y la ‘superciudá’ sigue mirando para el cielo, a ver si esta vez sí aterriza alguien importante. Pero nada. El avión pasa. El helicóptero vuela. El poder saluda de lejos. Y Cartagena, mientras tanto, sigue esperando. Al Faraón lo dejaron, otra vez, vestido, alborotado y ‘bembeado’. ¡Cero y van…!
- Texto reproducido con autorización de Checkin Caribe.

