La renuncia de tres funcionarios de la Alcaldía de Cartagena fue presentada ante la opinión pública como una simple coincidencia administrativa. La versión oficial habla de proyectos personales y decisiones individuales. Sin embargo, en los círculos políticos de la ciudad son pocos los que creen que tres funcionarios de primer nivel abandonan simultáneamente sus cargos por razones estrictamente privadas.
Más allá de las explicaciones formales, lo cierto es que las renuncias han abierto el debate sobre una pregunta inevitable: ¿estamos presenciando el inicio anticipado de la campaña para las elecciones de 2027?
Diversos analistas y observadores de la política local interpretan estos movimientos como parte de una estrategia de construcción electoral alrededor del proyecto político del alcalde Dumek Turbay. No sería la primera vez que funcionarios con visibilidad pública terminan convirtiéndose en cartas electorales de una administración.
Lo que realmente debería preocupar a los cartageneros no es la renuncia de los funcionarios. Lo verdaderamente importante es preguntarse qué resultados concretos dejan tras su paso por la administración distrital. Porque antes de hablar de candidaturas, la ciudad tiene derecho a evaluar ejecutorias.
Si los ahora exfuncionarios aspiran a convertirse en candidatos, resulta legítimo preguntar cuáles fueron sus principales logros, qué transformaciones impulsaron, qué problemas resolvieron y qué indicadores pueden mostrar como evidencia de una gestión exitosa. La política no debería convertirse en un simple mecanismo de promoción burocrática donde un cargo público sirve como plataforma para saltar a una candidatura. La ciudad merece algo más que eso.
Cartagena necesita liderazgos construidos sobre resultados verificables y no sobre estrategias de mercadeo político.
Los medios impresos amigos del Alcalde y los que reciben pagos de la Alcaldía para poner a correr por las redes sociales sus reels, videos e informaciones para “lavarle la cara” al Alcalde de Cartagena, llaman “Alfiles” de la administración a estos tres funcionarios que acaban de renunciar, siendo lo más seguro que desconozcan que la palabra Alfil es para ser aplicada a una persona colaboradora, estratégica, ejecutora, clave o pieza fundamental dentro de un equipo; dentro de cuyo concepto no encajan los ya exfuncionarios Bruno Hernández, Campo Elias Therán y Dayro Bustillo Alvarado; ahora, también podrán ser “Afiles” pero de la mediocridad.
Cuando me enteré de esta noticia, la verdad que me dio mucha tristeza con mi ciudad, con Cartagena de Indias, donde un foráneo como Dumek Turbay quiere imponernos Alcalde y Concejales. Se asegura que su verdadera intención es postular a Bruno Hernández Ramos, el ya ex Secretario del Interior, como candidato a la Alcaldía de Cartagena; y a los ya también exfuncionarios Campo Elías Terán, ex director del Ider; y Dayro Bustillo Alvarado, ex secretario privado del Alcalde al Concejo de la ciudad.
Pero precisamente ahí surge otra pregunta incómoda: ¿fueron realmente piezas fundamentales para resolver los problemas estructurales de Cartagena? La respuesta corresponde darla a los ciudadanos.
En materia de seguridad, infraestructura deportiva, gestión administrativa, transparencia y atención a las necesidades de los barrios, serán los cartageneros quienes juzguen si la gestión de estos exfuncionarios estuvo a la altura de las expectativas o si simplemente formaron parte de una administración que todavía tiene numerosas cuentas pendientes con la ciudad.
Lo que parece indiscutible es que Cartagena no necesita candidatos fabricados desde los escritorios del poder. Necesita liderazgos capaces de demostrar que pueden gobernar mejor de lo que ya se ha gobernado y esa prueba no se supera con fotografías, campañas digitales o titulares complacientes. Se supera con resultados.
Campito, como llaman al exdirector del IDER, permitió que continuara la enquistada corrupción en este instituto distrital, abriéndole espacio a cuestionados contratistas, amigos del alcalde, que fueron ampliamente criticados por sus malas prácticas y mañas, así como por sus excesos y los presuntos sobrecostos en los productos contratados.
Por su lado, Bruno Hernández, exsecretario del Interior e hijo de su homónimo padre, si por algo se caracterizó como funcionario fue por sus desplantes, groserías y malos tratos. Según sus críticos, llegó incluso a excederse en el ejercicio de sus funciones frente a ciudadanos capturados en flagrancia o involucrados en conductas sancionadas por la ley, generando incomodidad incluso entre algunos concejales por su forma de actuar.
También se recordará a Bruno Hernández por su actuación frente al caso de la contratista de su secretaría, la señora Fanny Pachón. Según se ha señalado públicamente, Hernández se habría opuesto a que fuera puesta a disposición de la Policía pese a existir una orden de arresto en su contra por un proceso relacionado con injuria y calumnia contra el ingeniero Álvaro González.
¿Y qué decir de la inseguridad? De eso, ni hablar. Las cifras hablan por sí solas y forman parte de la evaluación que la ciudadanía hace de la gestión de quienes tuvieron responsabilidades en esta materia.
El padre del ex secretario del Interior fue un importante militante de las filas del conservatismo alvarista, liderado por Álvaro Gómez Hurtado en Cartagena y Bolívar, sector político en el que también figuraron dirigentes como “El Chiqui” Lequerica y, posteriormente, el concejal y senador Luis “Lucho” Gutiérrez Gómez. Sin embargo, muchos consideran que Bruno Hernández no heredó el caudal político de esa corriente para sustentar una eventual aspiración electoral.
De “Yayito”, Dayro Bustillo Alvarado, otro de los funcionarios que renunciaron siendo secretario privado de Dumek Turbay, puede decirse que esta ha sido su primera aparición relevante en la vida pública. Sus críticos sostienen que su llegada a la administración distrital obedeció a las relaciones políticas de su padre, Dayro Bustillo Gómez, conocido como “El Yayo” Bustillo.
“Yayito” es hijo de Dayro Bustillo Gómez y de la enfermera Alba Alvarado. Esta última mantuvo durante años vínculos laborales con entidades del sector salud distrital y con sectores políticos influyentes de la ciudad, particularmente cercanos a la familia Facio-Lince y al fallecido senador Carlos Espinosa Facio-Lince.
Posteriormente, Dayro Bustillo Gómez, respaldado políticamente por el movimiento liderado por Enilce López, conocida como “La Gata”, y siendo fórmula de Héctor Alfonso López, fue elegido representante a la Cámara para el período 2002-2006.
Finalmente, estoy convencido de que ninguno de los tres funcionarios que renunciaron posee hoy un capital electoral significativo. Tampoco creo que Dumek Turbay tenga los votos suficientes para garantizar simultáneamente el éxito electoral de los tres. Esa será una decisión que, llegado el momento, corresponderá exclusivamente a los ciudadanos en las urnas.

