“…La preocupación que debe tener el Ministerio de Educación, las secretarías departamentales y municipales de Educación debe ser alta si verdaderamente toman el informe con responsabilidad…”.
Los colombianos nos preguntamos diariamente: ¿Qué sucede en Colombia? La pregunta tiene muchas aristas que nuestros mandatarios muchas veces consideran como las paradojas de la vida. Nuestra querida Colombia, según nos lo indican el DANE y el Mapa de la Felicidad dado a conocer por las Naciones Unidas, dejó de ser uno de los países más felices del mundo para convertirse en uno de los más infelices del planeta.
Creíamos que nuestro país, durante el gobierno de Petro, entraba en la recta de “vivir sabroso”, pero la verdad fue completamente diferente. Tomando como referencia el Informe Mundial de la Felicidad 2026 de las Naciones Unidas, nuestro país se ubicó en el puesto 68 entre 147 naciones, con un puntaje promedio de 6,040 sobre 10. Las razones son múltiples: el aspecto laboral, la economía salvaje, la globalización, la tercerización de servicios, la reducción de puestos de trabajo, la intranquilidad laboral y los estados depresivos con desenlaces fatales.
Para ahondar mucho más en los malos sucesos que aquejan a nuestra patria, en 2025 nuevamente nos encontramos entre los países más corruptos del mundo, ocupando el puesto 99 entre 182 países evaluados en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), publicado por Transparencia Internacional, y retrocediendo siete posiciones respecto del informe de 2024.
Lo nuevo para Colombia es ahora el resultado de las pruebas PISA 2025. Según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dichas pruebas se realizan con estudiantes de 15 años y los resultados son preocupantes para Colombia, ya que en 2025, desafortunadamente, presentaron un desempeño similar al de 2022, cuando el 71 % de los alumnos no alcanzó el nivel mínimo en Matemáticas y el 55 % se rajó en Lectura. Esto nos da a entender que algo está fallando en el nivel de aprendizaje de los estudiantes colombianos.
Al efectuar un análisis de los resultados, preocupa ese estancamiento del 1,1 % de estudiantes que llegan a los niveles superiores de las tres competencias más importantes: Matemáticas, Lectura y Ciencias, ya que están muy lejos de alcanzar los niveles básicos, que corresponden al 43,9 % y los situarían en el nivel 2, umbral básico que se espera que un estudiante de 15 años pueda alcanzar.
La preocupación que debe tener el Ministerio de Educación, las secretarías departamentales y municipales de Educación debe ser alta si verdaderamente toman el informe con responsabilidad, ya que no es justo que siete de cada diez estudiantes de 15 años evaluados no hayan alcanzado las competencias mínimas esperadas.
Con el presidente Juan Manuel Santos, Colombia inició, el 24 de enero de 2011, los trámites para ingresar a la OCDE. Esos trámites no fueron fáciles para el país debido a muchas deficiencias en el sector de la educación, ya que, en uno de los primeros informes para su aceptación, se anunciaban una menor deserción y un aumento de cupos en Prejardín, Jardín, Transición, Primaria y Secundaria. Sin embargo, su solicitud de ingreso fue negada en esa instancia, ya que dicho informe no contenía datos sobre el aumento de aulas, sillas, profesores y material didáctico, entre otros aspectos.
La brecha con la OCDE se inicia precisamente en ese instante y seguimos con el porcentaje de estudiantes que no alcanzan el nivel 2, que es de tres por cada diez jóvenes. Menos del 1 % de los quinceañeros colombianos ha alcanzado los niveles más altos, que son el 5 y el 6, mientras que, para la OCDE, ese porcentaje en otros países llega al 8 %.
La educación en Colombia se ha caracterizado por la excesiva influencia de concepciones político-religiosas, unidas a la burocracia, la tramitología y, en muchos casos, la corrupción, de manera especial en los mandos anquilosados en poltronas que consideran que llegan a los cargos de mando con el concepto de creerse los non plus ultra, cuando sus actividades deberían estar encaminadas a simplificar procesos curriculares para contextualizarlos con la transformación educativa moderna.
La educación de los jóvenes colombianos debe transformarse de acuerdo con el contexto mundial actual. Es necesario acabar con el modelo educativo tradicional del siglo pasado, basado en la memorización, ya que la realidad global avanza rápidamente debido a la digitalización, la inteligencia artificial y las nuevas dinámicas laborales, en un contexto en el que otros países están experimentando y avanzando de manera diferente.

