Más de 2.000 aves, cerca de 200 especies y más de 450.000 visitantes hacen parte de la historia del Aviario Nacional de Colombia, que este domingo 4 de octubre celebra una década de trabajo por la conservación, el bienestar animal, la educación ambiental y la investigación.
En el corazón de la isla de Barú, Cartagena, un espacio que hace una década tenía poca vegetación y ni siquiera contaba con un afluente natural de agua se convirtió en uno de los escenarios dedicados a las aves más reconocidos del país. Este domingo, coincidiendo con el Día Mundial de los Animales, el Aviario Nacional de Colombia conmemorará sus primeros diez años de funcionamiento.
Como parte de la celebración, los menores de 25 años y las personas mayores de 60 años tendrán entrada gratuita durante la jornada conmemorativa.
El Aviario abrió sus puertas en febrero de 2016, después de varios años de planeación y construcción. El proyecto comenzó a gestarse en 2006, cuando Rafael Vieira, Silvana Obregón, Eduardo Robayo y Alba Lucía Gómez impulsaron la creación de un espacio dedicado al conocimiento y conservación de la diversidad de aves colombianas.
La construcción representó un desafío adicional por las condiciones de acceso a Barú. En aquella época todavía no existían el puente ni la carretera pavimentada, por lo que los materiales tenían que ser transportados en ferry y posteriormente movilizados por una vía destapada.
Una década después, el resultado es un espacio de 22 ambientes y un recorrido de 1,7 kilómetros, donde habitan más de 2.000 ejemplares de alrededor de 200 especies, entre aves nativas y exóticas.
Entre sus habitantes se encuentran águilas harpías, flamencos rosados, guacamayas, ibis escarlata, garzas, búhos y cigüeñas, además de cuatro especies cuya distribución natural se encuentra exclusivamente en Colombia: el paujil piquiazul, la guacharaca caribeña, la guacharaca colombiana y la cotorrita aliturquesa.
Uno de los principales trabajos desarrollados por el Aviario durante estos diez años ha sido la reproducción y conservación de especies. En los últimos dos años se han registrado procesos reproductivos en 51 especies. Entre los casos más importantes está el paujil piquiazul, una especie endémica de Colombia clasificada en peligro crítico de extinción. En 2025 nacieron siete pichones y durante 2026 se han registrado otros diez nacimientos.
También avanza el trabajo con el águila harpía, cuya pareja pasó por un proceso de acercamiento de aproximadamente diez meses antes de compartir el mismo espacio.
Otro caso significativo es el de los flamencos. La población comenzó con 49 ejemplares recuperados por autoridades ambientales en distintas ciudades del país. Actualmente, el grupo alcanza aproximadamente 180 individuos y durante 2026 se han registrado cerca de 30 nacimientos.
El Aviario también recibe animales recuperados o decomisados por las autoridades ambientales. Algunos permanecieron durante largos periodos bajo cuidado humano y perdieron capacidades necesarias para sobrevivir nuevamente en condiciones silvestres.
Cada ejemplar que ingresa es evaluado por profesionales de las áreas veterinaria, biológica y zootécnica, además de recibir alimentación y seguimiento especializado. Pero la transformación del entorno también ha beneficiado a aves silvestres que no forman parte de la colección permanente.
Más de 100 especies silvestres llegan al lugar atraídas por sus fuentes de agua, árboles, alimento y espacios seguros para descansar o reproducirse. En determinadas temporadas se han observado colonias de más de 200 ibis blancos, además de garzas, cotorras y otras especies.
Los lagos también sirven como refugio temporal para cientos de barraquetes durante su migración desde Norteamérica.
- Diez años educando sobre la biodiversidad
La conservación no es el único propósito del Aviario. La educación ambiental se ha convertido en uno de sus principales pilares, con actividades dirigidas a estudiantes, familias y visitantes. Entre ellas se encuentra Aves al vuelo, una experiencia educativa que permite conocer de cerca el comportamiento y las características de diferentes especies.
El Aviario también mantiene programas con las comunidades de Barú. Los niños y niñas de la isla pueden ingresar gratuitamente los lunes y participar en actividades pedagógicas y jornadas relacionadas con la liberación de fauna.
Para los próximos años, la institución proyecta ampliar sus ambientes, construir una clínica veterinaria especializada, fortalecer la investigación y desarrollar nuevos programas de reproducción de especies amenazadas.
Este domingo 4 de octubre, visitantes, comunidades, instituciones, autoridades ambientales y organizaciones aliadas se reunirán para celebrar los primeros diez años de un proyecto que convirtió un terreno con escasa vegetación en un refugio para miles de aves.
Barú se prepara así para celebrar una década en la que las aves dejaron de ser solo parte del paisaje y se convirtieron en protagonistas de una historia de conservación, educación y biodiversidad.

