Uno de los momentos más difíciles que he vivido como colombiano es al ver cómo los criminales secuestran y reclutan niños y, más aún, al observar la insensibilidad y fanatismo con que algunos justifican su muerte en un bombardeo y consideran que estuvo bien y que debe seguirse haciendo.
Aducen que si los niños estaban en el campamento de un grupo armado ilegal formaban parte de ellos, tenían armas y ´no estarían estudiando para el Icfes´ sin pensar en las posibles causas de su presencia en ese sitio.
En primera instancia, conviene recordar los artículos 44 y 45 de nuestra Constitución:
Artículo 44. Son derechos fundamentales de los niños: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social […] Serán protegidos contra toda forma de […] violencia física o moral, secuestro, venta, abuso sexual, explotación laboral o económica y trabajos riesgosos […]
La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos (…).
Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás.
Artículo 45. El adolescente tiene derecho a la protección y a la formación integral. El Estado y la sociedad garantizan la participación activa de los jóvenes en los organismos públicos y privados que tengan a cargo la protección, educación y progreso de la juventud».
Entonces, ¿por qué estaban los niños allí?
Y si el artículo 29 de nuestra Constitución ordena: «Toda persona se presume inocente mientras no se la haya declarado judicialmente culpable» entonces ¿Podemos asegurar que los niños eran parte de ese grupo armado ilegal? ¿Sabemos si fueron allí por cuenta propia? Y si decidieron pertenecer a ese grupo ¿conocemos qué los motivó a hacerlo?
Es evidente que el Estado y nosotros como sociedad les fallamos. No garantizamos su vida, salud, educación ni seguridad social, y tampoco los protegemos. ¿En cuántas poblaciones los grupos delincuenciales matan, violan, secuestran o reclutan a niños, jóvenes y adultos porque estos no tienen la menor protección?
Lo peor es que sabemos cuáles son y aún así llevamos décadas en ello y seguimos igual, o peor. Adoptamos la dinámica de responsabilizar a la víctima, revictimizarla y defender o justificar al victimario para sentirnos más patriotas porque lo que hizo fue ´para salvar el país´, ¿Será acaso que no podemos salvarlo sin que nuestra única solución sea matar a todo el que parezca sospechoso?
Dejemos de pensar en que ´esos´, los colombianos de los pueblos y municipios víctimas de la violencia, son simples peones sobre los cuales, desde la comodidad de nuestras ciudades, decidimos que deben ser exterminados sin siquiera preocuparnos por conocer sus circunstancias.
Dejemos de atender las consecuencias y enfoquémonos en solucionar las causas.
Es muy simple: cumplamos nuestra Constitución. Llevemos el Estado para todos los colombianos en igualdad, promoviendo y asegurando el cumplimiento de derechos y deberes y brindando opciones viables y eficaces de trabajo, salud, vías, educación, infraestructura y seguridad.
Y si además trabajamos para coexistir como hermanos, estoy seguro de que así sí salvaremos a Colombia, acabaremos esta guerra y cumpliremos lo ordenado por el artículo 22 de nuestra Carta Magna: «La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento».



