Hay montañas que no solo se alzan sobre la tierra, sino también sobre la historia. Una de ellas, guardiana silente del tiempo y testigo de los vientos del Caribe, es el Cerro de La Pita, majestuoso en su estatura, inmenso en su significado, ubicado a seis kilómetros de El Carmen de Bolívar ahí entre las venas abiertas de los Montes de María, se erige este coloso natural, 667 metros más cerca del cielo desde allí, todo se ve: la vida, la lucha, la esperanza.
No es una montaña cualquiera, es una torre de vigilia, una voz que repite señales para que los pueblos no callen, para que la cultura cante, para que el conocimiento cruce laderas, mares y almas. Desde los años 70, cuando el Estado colombiano sembró antenas en su cima, el cerro se convirtió en faro y puente: llevó radio, luego televisión, después internet y como un corazón de metal latiendo entre las nubes, conectó a San Jacinto, Zambrano, Ovejas, Chalán, Colosó, San Juan Nepomuceno… y a toda una región que aprendió a resistir, también, con palabras.
Pero también fue trinchera porque donde la tierra es estratégica, la guerra deja su huella. Durante los años más crudos del conflicto armado, La Pita fue objetivo, fue bastión, fue altar de sacrificio, quien la dominaba, controlaba rutas, visiones, vidas, por eso, los hombres de la Infantería de Marina, del hoy Batallón de Infantería de Marina No. 14, se convirtieron en sus custodios y entre ellos, con temple de acero y alma de patria, se destacó un nombre que hoy se eleva junto al cerro: Sixto Mármol Cueto.
Treinta años han pasado desde aquel 28 de agosto de 1995 cuando en un rincón del departamento de Bolívar, conocido como el Salado, el fuego enemigo arrebató su vida, junto a la del Teniente Coronel Alfredo Persand Barnes y el Teniente Tony Enrique Pastrana Contreras. Tres hombres, tres patriotas, tres silencios que, desde entonces, hablan más fuerte que muchas voces.
Hoy, en justicia histórica y como acto de gratitud que atraviesa generaciones, la Armada Nacional, bajo el liderazgo del Coronel IM. Nelson Cano Holguín y del Teniente Coronel IM. Yerly Alexander Carreño Landazábal, designa oficialmente la estación militar del Cerro de La Pita con el nombre de quien dio su vida por protegerla:
Puesto Avanzado de Infantería de Marina Cabo Segundo de Infantería de Marina Sixto Mármol Cueto.

No es solo un nombre grabado en una placa.
Es un legado escrito en viento y roca.
Es una lección permanente para cada Infante de Marina que suba esa cumbre con la frente en alto.
Porque defender la patria no es un acto, es una entrega.
Y hombres como Sixto no mueren: se siembran en la historia.
Desde ahora, cada señal que brote de esa cima llevará consigo el susurro eterno de su nombre, la memoria de su deber cumplido, el orgullo de su esposa, Doña Herlinda Verbel, y la mirada limpia de su hijo, que crecerá sabiendo que su padre fue un héroe.
La libertad —esa palabra tan alta como el Cerro de La Pita— se construye con vidas como la suya: valientes, leales, inolvidables.
“Porque mientras haya memoria, habrá gratitud.
Y mientras haya patria, habrá Infantes como él.
Honor y gloria a los héroes,
Porque nunca los olvidaremos.”
La voluntad todo lo supera y el eco de Sixto Mármol Cueto seguirá subiendo, con cada aurora, hacia la eternidad del viento.






