La violencia sigue golpeando con fuerza a Cartagena de Indias. En la tarde de este martes 9 de septiembre, un nuevo sicariato sacudió al sector de Barrio Chino, conocido como Los Plátanos, aledaño al Mercado de Bazurto. Un hombre de aproximadamente 57 años fue asesinado a quemarropa en la puerta de su casa, en un hecho que desnuda la fragilidad de la seguridad en la capital de Bolívar.
De acuerdo con versiones preliminares, dos hombres en moto llegaron a la vivienda de la víctima y, sin mediar palabra, lo acribillaron mientras estaba sentado en una silla plástica azul, en la terraza de su casa. El ataque ocurrió hacia las 4:15 p.m.
La víctima, conocida en el barrio como ‘Pitalúa’, recibió al menos tres disparos: dos en el pecho y uno en la cabeza. Falleció en el acto, sin dar tiempo a que llegara ayuda médica. Vestía una bermuda deportiva, chancletas, gorra de béisbol y estaba sin camisa.
Este asesinato se suma a tres homicidios más ocurridos en lo que va corrido de septiembre, dos de ellos también bajo la modalidad de sicariato, en Villa Rosita y la Troncal de Occidente, frente al centro comercial San Fernando. El tercer caso, en el barrio República de Chile, habría sido un ajuste de cuentas.
La situación es alarmante: solo en agosto Cartagena registró 44 homicidios, de los cuales 33 fueron sicariatos, consolidando una racha sangrienta que parece no tener freno.
El crimen en el Barrio Chino vuelve a poner sobre la mesa las preguntas que la ciudadanía se hace con creciente indignación: ¿Qué tan efectivas son las estrategias de seguridad implementadas por las autoridades? ¿Por qué la presencia de sicarios en moto sigue siendo una constante en distintos barrios de la ciudad? ¿Qué acciones reales se están tomando para frenar la violencia que golpea tanto a zonas populares como a sectores comerciales?
La comunidad de Los Plátanos, testigo directo del ataque, no solo quedó con la marca de la sangre en sus calles, sino también con un sentimiento de impotencia y miedo. El sicariato ya no distingue hora ni lugar, y cada vez se convierte en un fenómeno más recurrente en Cartagena, mientras los cartageneros exigen respuestas concretas frente a una violencia que parece haberse normalizado el alcalde de la ciudad solo habla de fiesta, deportes y obras.
